La ministra de Igualdad Bibiana Aido y la corte del faraón socialista me tienen en un dilema moral. Para la ilustre una operación de las glándulas mamarias y un aborto vienen a ser la misma cosas. Las niñas de dieciséis son aptas para decidir qué hacer con su cuerpo. En este punto es cuando descubro que una niña no puede pagar un aborto, ni mucho menos una operación de estética, salvo que tenga un padre con la billetera a buen recaudo. De manera que en la práctica a la niña no la operan sin el consentimiento de sus progenitores y, por lo mismo, no se opera de tetas por mucho que se empeñe.Llegados a este punto cualquier diatriba arriba o abajo sería vana, carecería de sentido. Salvo que pensemos que los señores que hacen las leyes y las promueven tienen materia gris con neurotransmisores en buen estado. Por ello Cospedal supone una intención aviesa de cambiar la edad de la madurez rebajando el cupo a los dieciséis. Esa obra maestra dejaría a los adolescentes en la más absoluta manipulación. Es la ingeniería social, tantas veces denunciada.
Pero como yo no tengo claro que eso sea así, me queda la duda cartesiana. ¿Vale la pena gastar horas en semejante ley, que nos compara a matarifes con esvástica trasmutada en una rosa con puño?. ¿No estarán buscando, como apuntó Legina, sacar el rancio catolicismo a la calle y provocar un trasvase de votos?. Es curioso que las aguas se remuevan cuando nos encontramos próximos a unas elecciones. Y entonces me digo, que las voces tienen que escucharse, que al menos se oiga nuestra indignación y que sea lo que Dios quiera.
Y llegados a este punto me asombro. No estamos ante una embestida progre, sino en la antesala de la idiocia. Consentir que una niña decida por sí misma sobre la vida y la muerte es delegar la responsabilidad y cargarla en una persona que todavía no está preparada para asumir el destino de su vida. Esto no es equiparable con ningún país, por mucho que vendan el espejo Europeo cada vez que les conviene aprobar una ley. Parece que el tema queda resuelto cuando nos comparan con el resto. Pues no, señores, no nos lo creemos. Sabemos que Zapatero ha pisado el acelerador para lo peor.
¿Qué debemos hacer las personas decentes?. En principio asociarnos y denunciar, y no parar hasta conseguir desenmascarar la ruina moral a la que están llevando a esta sociedad. Hay que levantar el freno de mano. Los jóvenes hoy están siendo manipulados por una sociedad hedonista que les hace confundir la libertad con la falta de responsabilidad. Eso no es educar para la ciudadanía sino para el aplauso cómodo de una franja electoral.
Insisto, es una vergüenza que sean las propias mujeres las que han abierto la espita de esta bomba de relojería social. Nos han dejado sin protección a la familia ni jurídica, ni social, y dejan que las píldoras del día después se consuman sin receta con perfecto conocimiento de que su mal uso provoca enfermedades. ¡Les da igual!. Señores, ¿cómo quieren que los jóvenes respeten las señales, si ustedes les rebajan la responsabilidad a precio de saldo?.
Pues nada ya lo saben, Bibiana A-ido, y a su vuelta no sabemos que otra tontería se le puede ocurrir. Ha concedido a las mujeres libertad para convertirse en... ¡ahórrenme la expresión!. No será raro que estas medidas provoquen más violencia de género, pero con cuatro frases de postín seguirán camelando a la clientela. ¡Lástima de país!. Pensar que esta señora juega a llamarse feminista produce ganas de pedirle el cambio de género.
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