sábado 16 de mayo de 2009

Pluralismo y convivencia sin fe, una camino hacia el caos



Metida de lleno en la vorágine de la información religiosa tengo que confesar mi sorpresa sobre mitos que de pronto se deshacen como azucarcillos en el agua. Siempre tuve la percepción de que la educación en un colegio religioso imprimía carácter. Yo no tengo especial dificultad en reconocer que agradezco la educación recibida. Y eso que he recorrido bastantes centros, debido a determinadas circunstancias. De modo que me siento a gusto con mi pasado, sin traumas sobre mi formación, ni remilgos, ni tonterías.

Al parecer mientras yo me hacía adulta cambiaba el país y la democracia traía un gobierno socialista y nueva ley de educación. Y de pronto todo cambió, los colegios religiosos se convirtieron en satélites del Estado pendientes de un concierto que les obligaba a rendir pleitesía al gobierno de turno. Y según cuentan las crónicas estos centros experimentaron con los jóvenes confiados a su cuidado. Aparecieron las figuras de los psicólogos y los mediadores, aumentaron las reuniones de trabajo y los grupos de diálogo. Pero algo debieron hacer mal, cuando sólo consiguieron movilizarles hacia las ONG y el voluntariado, mientras soslayaban la vocación religiosa.

O tal vez, pese a lo que digan los demás, nuestra cultura se ha secularizado y vivimos otros tiempos que deben experimentar nuevos modelos de vocaciones religiosas. Si se analiza el pasado vemos que, efectivamente, cada época tuvo su reformador y sus peculiaridades. Conseguir que la asistencia médica y la escolarización fueran gratuitas, son objetivos de hace muy pocas décadas; pero que tienen mucho calado en la sociedad. Eso ha hecho desaparecer la influencia de las órdenes y congregaciones religiosas, que ya no pueden realizar por caridad lo que el Gobierno ofrece por justicia.

¿Qué significado puede tener esta evolución?. Es evidente que el religioso de hoy en día no puede anclarse en los métodos del pasado y, sin embargo, su fecunda revisión de los carismas del fundador/a, les ha llevado a experimentar nuevos modos de hacer y obrar; que por desgracia no ofrecen ningún atractivo a las nuevas generaciones. Supongo que aquí en Occidente duele reconocerse cansados, mayores y solos, sin relevo generacional. Mientras que en los países emergentes apuntan hacia un saludable semillero de vocaciones muy centradas en la asistencia social.

No hablo con datos en la mano, sino con el corazón, con la experiencia de mirar hacia atrás. He visto abandonar los hábitos a mucha gente. Y más allá de sus contradicciones personales, siempre admiré que tuvieran el valor de romper con lo que en algún momento fue su opción de vida, antes que seguir en una hipocresía farisaica. Me han dicho que la vida en comunidad es muy difícil; se convierte en un club de solteros maniáticos que se unen por afinidades. Esa imagen no seduce a nadie.

En cuanto a ser evangelizadores, mejor ni comentar; han convertido en negocio la religión, siendo ejecutivos de editoriales y librerías, de venta de cursillos por módicos precios para ofrecer su producto como cualquier gurú de la Nueva Era. Sus casas de ejercicios acogen eventos que sorprenden a los fieles hasta el estupor. Pueden darse cursos de relajación, conferencias sobre sexualidad, autoestima y conflictos familiares. En realidad no se diferencian demasiado de otras organizaciones civiles que reciben subvenciones por realizar actos culturales.

Ese mercantilismo recuerda mucho a los mercaderes del templo. Y la gente hoy vive sedienta de predicadores de la Palabra, tanto que las sectas evangélicas captan más fieles que la sana doctrina católica. Si a eso se añade que venden la imagen de una iglesia dialogante, frente a una jerarquía ortodoxa, veremos que en el fondo lo que hay es un terrible miedo a perder su seguridad.

Es posible que este análisis superficial necesite muchas matizaciones. Disculpen que no me introduzca de lleno, no creo que este sea ni el lugar ni el momento adecuado. Pero es posible que sirva lo que ofrezco como reflexión personal. El religioso tiene que trasmitir la fe sólo con su presencia, si se confunde con cualquier civil, en realidad está renunciando a su propia coherencia. Y las contradicciones terminan por pasar factura.

Estamos viviendo una realidad caótica con las migraciones que ha cambiado radicalmente la faz de Europa en cuestión de tres décadas. El pluralismo y la convivencia están muy bien, pero sin avergonzarse de predicar la fe que nos acompaña. De lo contrario, más vale dedicarse a vender libros o cursillos desde una plataforma civil, bajo la subvención del gobierno de turno

2 comentarios:

Anónimo dijo...

No entendes nada, la religión es basura, no importa cual sea.

Over Head Headphones Review dijo...

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