domingo 3 de mayo de 2009

Una felicitación para todas las madres

Como hoy es el día de la madre me siento afectuosa y melosa. Está bien reivindicar la figura materna y agradecer sus desvelos que no tienen fecha de caducidad, por mucho que los retoños vayan peinando canas y acumulando grasa. Podría poner algún poema como el amigo Nicolás, de esos que reivindican el amor filial extrauterino más allá del diván psicoanalista. El caso es que madre no hay más que una, a ella le debemos todo, aunque por el camino existan sus más y sus menos.

Tengo la suerte de gozar de su compañía y hay un duelo al sol por mantener la autoridad materna como una matrona romana, mientras yo me reafirmo en mi independencia y el derecho a equivocarme como cualquier hija de vecino. Y es que para una madre no pasan los años, sigue mirando la pieza como si fuera un cachorro en propiedad. Supongo que las habrá de todos los colores, pero la mía es firme y robusta como un roble. Con dote de mando natural sin necesidad de que le impongan galones.

En cambio, hay otro tipo de madres, o tantos tipos como mujeres. Cuando me cuentan historias familiares de algunos alumnos queda en el aire el quid de la cuestión: ¡Qué suerte tienen algunos y qué desgracia otros!. Madres que no se preocupan de sus hijos o consideran que por vestirlos, alimentarlos y llevarlos al colegio ya lo tienen todo cumplido.

Hay niños con déficit de cariño y otros super protegidos y mimados. Y es que en el arte de la educación y la crianza no hay más que el camino intuitivo y la ley del ensayo prueba-error. Metes la gamba sin querer, incluso con toda la buena intención del mundo. Y luego sale lo que sale. Por eso las madres pueden llegar a estar muy orgullosas de sus hijos o rechazarlos en su fuero interno sin terminar de aceptar como son.

De todo hay en la viña del Señor. El modelo edulcorado de la Virgen Maria, nos presenta la maternidad como un ideal de vida que nada tiene que ver con nuestra sociedad actual. Las madres de hoy en día reparten su tiempo en el trabajo y en el hogar, con esas doble jornadas agotadoras que apenas les deja tiempo libre. Por eso la vocación a la maternidad es un don que hay que vivir con intensidad y gozosa alegría. En caso contrario terminaríamos por agotarnos en el esfuerzo diario que conlleva ser esposas, madres y trabajadoras.

Pero no puedo dejar de lanzar un ramillete de piropos a todas las madres sea cual sea su condición laboral. Porque lo primero es ser madre y tener ganas para aprender un arte en el que dejas lo mejor de ti mismo en los demás. Pero no nos engañemos hay hijos que no se merecen a su madre y madres que no se merecen a sus hijos. Es la ley de la vida la que nos enseña quien puso más ternura y comprensión. A todas las madres que lo fueron en su entrega generosa a los demás, sin necesidad de parir ningún hijo. Felicidades. Y a quienes los tuvieron desde sus entrañas más profundas, también mi felicitación.

Y para mi madre, mi cariño, mi comprensión, y mi anhelo de que algún día llegue a entender que yo no soy un clon de nadie. Que Dios me hizo singular y única. Que me gusta ser así como soy, sin parecerme a ella nada más que en el rostro, aunque hay heredado todos sus tics por simbiosis de convivencia. Gracias, por la vida, gracias por estar ahí, gracias por las noches en vela, gracias por quererme aunque a veces te equivoques en la manera de demostrarlo. Feliz día mamá

1 comentarios:

Padre Carlos dijo...

Mi madre no solo tiene galones sino bastón de mando y todo un arsenal táctico para ganar cualquier guerra persuasiva que se le antoje. Cuando pienso en aquella trillada frase "Madre solo hay una" pues no me queda mas que dar gracias a Dios que en su infinita sabiduría no quiso que fueran 5 ó 6, porque sinó ya me hubiera exilado en cualquier apartado rincón del planeta. Y sin embargo así la quiero... y cuanto!.

Saludos Carmen a tí y a tu mamá. Nosotros en Venezuela celebramos el Día de las Madres el segundo domingo de mayo. Cuenta con mis intenciones de misa.

Padre Carlos