domingo 14 de junio de 2009

Los coletazos de la vieja sociedad

Creer en contubernios masónicos es propio de quienes buscan el origen de la situación actual dentro de una compleja red manipulada por alguien. La historia, sin embargo, nos muestra que a veces se producen pensamientos que guían de manera fanática a los pueblos, sin que exista un solo detonante, sino más bien una pluralidad de factores que se concatenan, dando lugar a revoluciones y cambios significativos, tal fue el caso del imperialismo marxista o del fascismo europeo.

En el siglo XX se tuvo constancia de esa pluralidad de factores que sirven como detonante para un cambio de era. El mayo francés en Europa y el pensamiento no violento frente a la guerra de Vietnam en EEUU, son hitos difíciles de soslayar en la historia del pasado siglo. Lo que intento expresar es que ahora también se está viviendo una revolución social, latente. Se palpa en el ambiente, en los diferentes sucesos que van llegando a nuestro conocimiento. Hay una extraña metamorfosis de la sociedad envuelta en una crisis no sólo económica sino también social, en la que los creyentes, tendremos mucho que decir.

El país más influyente del siglo XX, está copiando la ingeniería social de nuestro gobierno. Parece que Obama toma como referentes los peores modelos, desde el pensamiento que propugna como derecho al aborto, hasta llegar al paroxismo de proclamar por decreto el presente mes de junio como el mes del Orgullo de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales. Creo que el colectivo puede sentirse orgulloso de los logros conseguidos hasta la fecha.

Que el impulso provenga de EEUU es muy significativo, y muestra hacia donde nos lleva el mito Obama, un gigante con pies de barro que aprende a manejar la opinión pública mediante el lavado de cara y una ración de populismo para acallar problemas reales y profundos. Esa dinámica la conocemos los españoles en carne propia. Esa experiencia me vuelve escéptica, y no quisiera ser catastrófica, porque en definitiva el ser humano está en las manos de Jesucristo quien prometió no abandonarnos nunca.

Entre las brumas veo también destellos de luz. La convicción de que la crisis trae cambios que pueden regenerar la sociedad. Por lo pronto el flujo de la marea humana que invade los países occidentales nos proporciona un mestizaje universal. Las raíces profundas de muchos países sufrirán una metamorfosis que necesita trazados firmes y claros que no rompan en añicos el esfuerzo de muchas generaciones.

Creo que es el momento de los pioneros, de los audaces, y también de pagar los errores. Porque lo que se ha iniciado no tiene retorno, no se puede volver atrás, de ahora en adelante tendremos que aprender a convivir con una sociedad plural y multiétnica, con las ventajas e inconvenientes que ello pueda ocasionar. En la mano de los creyentes está poner de nuestra parte la mejor de las voluntades para facilitar la convivencia, sin renunciar a la fe. Seguir evangelizando desde las nuevas tribunas del ágora pública que es Internet es ya un imperativo.

Pero no podemos caer en el error de la falsa tolerancia, esa que nos hace girar el rostro mientras se aprueban leyes que nos llevan directos al abismo. En ese sentido la voz serena de Benedicto XVI se ha convertido en el referente moral del mundo. Hoy todo es universal, las fronteras diluidas promueven el diálogo, pero también favorecen los enfrentamientos enquistados por extraños fenómenos nacionalistas que recuerdan el pasado.

Salen a la luz nombres y datos de los corruptos y corruptores de las naciones. Se puede fotografiar la perversión y es cada día más difícil creer en la buena voluntad de quienes gobiernan las naciones. El sueño de Barack Obama, puede ser el detonante del cambio o la triste confirmación de un espejismo.

La voz profética de Benedicto XVI apuesta por la conversión del corazón, me parece que su mano traza la línea que promueve la convivencia y el respeto entre todas las naciones. No está de más que los creyentes de hoy sigamos rogando al buen Dios que guíe nuestro destino.