martes 20 de octubre de 2009

Cataluña a un paso de ser más laica



Corren vientos salvajes en el laicismo. Cataluña pionera en desaguisados ha lanzado la propuesta de cambiar el nombre de las vacaciones de Navidad por vacaciones de invierno. Es un tema que lleva rondando la cabeza de quienes abominan de la Iglesia. Además con la excusa de una sociedad plural en el aspecto religioso y étnico, se impone arrancar las tradiciones. Es un revisionismo histórico de repera: más que descubrir el pasado y la razón de nuestro presente, se trata de reinventar la historia.

Son muy espabilados estos modernos de salón y opereta. Van cortando la cabeza de la cultura y las raíces de la sociedad. Hoy los niños no tienen ni la más mínima idea de Historia Sagrada, una materia que nos sirve para entender obras de pintura o escultura, y da de lleno en la raíz antropológica de nuestra fe. La fe cristiana, que abarca a muchos otros colectivos, no exclusivamente al católico. Pues da lo mismo, visitarán Roma pero no entenderán a Miguel Ángel cuando miren la bóveda de la Capilla Sixtina.

En esas mismas se encuentran los refranes que los jóvenes de hoy en día no pueden captar. El lenguaje desarrolla la inteligencia, hace asociación de ideas, crea nuevos modos de expresión, canciones, poemas, cuentos, novelas. Hay una extensión infinita de matices en la cultura que no podrán interpretar nuestros jóvenes. Y es que a “cada cerdo le llega su San Martín”. Pero ¿serán capaz de comprenderlo los ilustres politicastros?. Como estamos a un paso del veintitrés podemos decir que por San Severino y San Servando, los primeros fríos del año. Y claro, ahora el calendario más religioso es el de la asociación de gays, lesbianas y tranxesuales, pero que nadie les pregunte por el santoral.

La candidez del personal aumenta con los años. Primero les sustituyeron el Belén por el gordo de la Coca Cola y ahora inventarán souvenirs para vacaciones de invierno y primavera. Porque la Semana Santa también la quieren borrar del calendario. Y una teme que el laicismo haya convertido Cataluña en centro piloto, para ver cómo responden el resto de Comunidades. En este experimento con algo más que gaseosa están los augures de la Alianza de Civilizaciones. Que consiste fundamentalmente en suprimir la religión de la esfera pública. Y como da la casualidad que la de mayor arraigo es la católica se lanzan con estoque.

Eso sí, continúan subvencionando mezquitas y locales para confesiones religiosas de dudosa procedencia, y fundaciones para fomentar el pluralismo y la convivencia; mientras suprimen recursos a las Cáritas locales. Que se ocupe la Iglesia de los pobres. Que viene a ser una voltereta genial: primero era la justicia y luego la caridad, en el lenguaje progre, porque no había que dar por caridad lo que correspondía por justicia. Ahora le dan la vuelta al calcetín y convierten la solidaridad en la estrella de todos los saraos. ¡Qué buenos que somos!.

Pero no, la realidad es que nuestras raíces no se pueden paganizar por decreto. Así que “Santa Lucía les conserve la vista”, a esos pioneros de la Generalitat de Catalunya que mientras se llenan las colas del INEM gastan su tiempo en cambiar el calendario gregoriano por unas Saturnales. En el fondo son unos antiguos que terminarán por celebrar el veinticinco de diciembre alrededor de un abeto haciendo castellets, en una especie de mezcolanza que nadie entenderá muy bien, pero a la que se apuntarán tirios y troyanos. Al tiempo

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Este post viene a colación por la propuesta al Consell Escolar de Catalunya por parte de la vicepresidenta de la Federación de Asociaciones de Padres y Madres de Catalunya, Lola Abelló, de cambiar el nombre de las vacaciones de Navidad que pasarían a llamarse vacaciones de invierno, y las de Semana Santa, que pasarían a llamarse vacaciones de Primavera.
Según esta respetable señora, el hecho de que en las escuelas públicas de Catalunya haya niños de diferentes religiones (musulmanes básicamente) hacía que estas fiestas no fueran para todos.
En primer lugar, la ínclita vicepresidenta demuestra un gran desconocimiento de la religión musulmana, donde Jesús (sí, ¡Jesús!) es uno de sus profetas. Por lo tanto, no creo que para un musulman (no radical, claro) celebrar el nacimiento (fiesta de navidad) y la muerte (fiesta de Semana Santa) de uno de los profetas del Islam (aunque para ellos menos importante que el gran profeta Mohammed) signifique ningún tipo de discriminación (por otro lado no veo porqué los de "aquí" tendríamos que renunciar a este tipo de fiestas, cuando seguramente si nosotros nos fuésemos a vivir "allí", ellos no renunciarían en ningún caso por nosotros...).
En segundo lugar, cambiar los nombres de estas fiestas no es más que el intento de desculturizar definitivamente la escuela pública, si no lo estaba ya suficientemente. Seamos creyentes o no, todos provenimos de una cultura: la judeo-cristiana, y eso no significa que haya que creer en el Dios cristiano, sino que nuestra cultura es, nos guste o no, una cultura cristiana (no creo que haya ningún ferviente cristiano que no quiera pronunciar el nombre, por ejemplo, de los días de la semana que, por si alguien no lo sabe, son de origen pagano: Lunes: día de la luna; Martes: día de Marte; Jueves: día de Júpiter...).
En tercer lugar, tal y como está la educación en este bendito país, me parece una auténtica frivolidad venir ahora con estas gilipolleces. En nuestra educación hay cosas mucho más importantes que cambiar que no el nombre de unas fiestas.
Y, finalmente, vuelvo al título de este post y planteo una pregunta retórica: Si le cambiamos el nombre a las fiestas religiosas y las denominamos "vacacions del invierno"o "vacaciones de la primavera", ¿no será más fácil, en el futuro, abolir tales vacaciones, una vez vaciadas de todo sentido?