El próximo diecisiete hay una manifestación por la vida en Madrid, cita que en algunas ciudades se ha decidido apoyar con vigilias de oración en cada parroquia. Pero hay un dato concreto que me llama la atención. La plataforma pobreza cero está realizando su campaña con ocasión del Día Internacional de la Erradicación de la pobreza. Hay días para todo y algunos hacen coincidir fechas. Mal asunto ese de tener que elegir entre reivindicar frente a los diferentes gobiernos que la pobreza se puede solucionar. Y a su vez, plantar cara contra el aborto.Lástima que los organizadores de ambos eventos no contrasten sus agendas porque más de uno va a estar “con el corazón partío”. Lo cierto es que a la moda de la solidaridad se apuntan todos los glamurosos del celuloide y la televisión. Dan su cara que es pura pose, sin más compromiso. Y unos serán mirados con simpatía por marchosos: se anuncian conciertos; mientras a otros se les señalará con el dedo por protestar contra la Ley del Aborto. Lo bonito, lo que mola, lo que se vende como progresista es defender los Objetivos del Milenio.
Me gustaría que tuviésemos la misma sensibilidad para defender la vida, sin miedo a ser tachados de retrógrados. Con la libertad que da el saber que estamos protegiendo un don de Dios. Porque lo que se juega no es poco, pasar de considerar un derecho la vida a ser un derecho el aborto. Paradojas irresponsables de legisladores y politicastros que queman etapas para recaudar aforo en sus mítines de oratoria vacía de contenido.
Quiero señalar que la pobreza es importante, pero lo es mucho más la vida y la dignidad de las mujeres y seres en fase de embrión. Hay un proyecto mundial para conseguir el aborto libre. Y ese proyecto es completamente machista. Por ese camino se llegará a legislar sobre la planificación familiar. De manera solapada ya se ha conseguido reducir la población joven de Europa. El relevo tiene ahora rostro diferente y acentos diversos. Es una bomba demográfica plural que en veinte años nos dará una nueva sociedad.
Si en ella sigue el adoctrinamiento hedonista y la falta de sensibilidad con el “ser más débil”. La mujer se habrá convertido, no en un ser libre, sino precisamente en un objeto de uso y deshecho. Fomentar la natalidad y proteger a la familia es defender a la sociedad, ir contra ella es destruir los pilares en los que se sustenta. Si a eso le añadimos crisis económica y crisis de valores tenemos una bomba de relojería en el cuarto trastero, puesta a punto para detonar cuando menos lo esperemos.
Yo he defendido en muchas ocasiones que no estoy de acuerdo con esta Ley. Que el aborto no puede ser un negocio lucrativo. Del mismo modo denuncio que no se hacen políticas de conciliación de la vida laboral y familiar, sino muy al contrario se establecen turnos que no facilitan la vida familiar. Lo progresista es defender la familia como unidad básica de la sociedad. Una unidad donde se realizan los mejores gestos de convivencia y solidaridad de unos con otros. En su base se encuentra todo el ADN de lo que será en el futuro el niño.
Apostar por la vida es apostar por el progreso. Defender el aborto es anestesiar la conciencia de la sociedad ante una lacra que la historia juzgará con horror. ¿Cómo es posible en una sociedad del bienestar deshacerse de los fetos, cuando jamás se tuvo tanta comodidad y desarrollo?. Una familia sabe compartir y ser generosa. Los hermanos se ayudan unos a otros. Y el gobierno tiene que fomentar las ayudas necesarias para facilitar la armonía social, no su destrucción. Digamos juntos “no al derecho al aborto”.
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