No me malinterpreten, pero Ágora, la nueva película de Amenábar volverá a revitalizar el anticristianismo. Porque eso sí, aunque en la película no exista todavía el Estado del Vaticano, ustedes y yo sabemos que en definitiva él será el culpable de la muerte de Hypatia. Una película donde la historia volverá a asociar oscurantismo y violencia con la religión cristiana. Mientras que la sociedad pagana de Alejandría es venerada como un pozo de sabiduría y perfección. El mito está servido, una mujer culta e inteligente, se convertirá en icono del feminismo frente al fanatismo de las creencias.Si a ese estreno le añadimos la próxima convocatoria contra la ley del aborto por todas las fuerzas sensatas de este país, que son asociadas con el conservadurismo rancio y casposo de la Iglesia, tenemos el abono perfecto para una cruzada laicista. De nuevo presentarán la manifestación del diecisiete como una idea de intransigencia, en la sutil perversión del lenguaje donde las víctimas son engullidas en el olvido y los asesinos se transforman en héroes que exigen sus derechos.
Se palpa un desdén machacón ante la defensa de la vida, un desdén peligroso, donde se confunde tolerancia con permisividad. El asesinato es un delito y la despenalización del aborto una estrategia fallida del feminismo radical. En definitiva las mujeres somos las responsables de lo que sucede con otro ser, mientras que ellos quedan exonerados de cualquier responsabilidad. La mujer se convierte en objeto en manos del varón que la utiliza en beneficio propio. Y luego le ofrece las puertas para deshacerse de aquello que es el resultado de una relación irresponsable y banal.
Lo curioso es que la gente no ve peligro en cambiar las bases profundas de la sociedad. No advierte que se puede manipular la vida, según los intereses del poder de turno. Pongamos por caso que se legisla para que sólo exista un hijo por familia, como sucede en China. Estaríamos frente a un totalitarismo. Pues bien, el hecho de que cualquier mujer considere que está en su derecho de deshacerse de un ser vivo. Nos pone en peligro a toda la sociedad. Porque si la vida no se respeta en el momento X, se puede legislar para que finalice cuando resulte conveniente o gravosa para la sociedad.
Ya sé que la despenalización se hizo sobre supuestos muy concretos, que sin embargo han dado un verdadero filón a las clínicas abortivas, donde el daño psicológico de la madre era la excusa perfecta para machacar a un ser indefenso. No tenemos que avergonzarnos de defender la vida. Aunque ellos se presenten como defensores de los derechos de la mujer. En realidad estamos frente a una sociedad que deja la capacidad de decidir a una menor, que le facilita en bandeja las relaciones promiscuas con una pastilla post-coital sin recetas. Que la alecciona sobre la conveniencia de ejercer el sexo seguro. En definitiva estamos preparando a nuestros jóvenes para vivir en una sociedad promiscua, donde el sexo es el complemento imprescindible de un fin de semana. Que nunca debe tener mayores consecuencias.
Pues bien, como mujer, insisto en que nos están manipulando. Somos nosotras las que si tomamos anticonceptivos, sufrimos los efectos secundarios. Nosotras, quienes si utilizamos la píldora post-coital, tenemos riesgo de complicaciones severas en la salud. Finalmente, a nosotras nos venden el derecho de deshacernos de nuestros hijos, para ahorrar al Estado los costes de auxilio social por maternidad en precario. Ya le pueden dar las vueltas que quieran, la mujer siempre es la perjudicada. ¿Por qué no han inventado una píldora para ellos?. Mujeres feministas, a por la esterilización del varón. En serio, el día diecisiete todos en defensa de la vida. Las Hypatia de la actualidad son pro-vida y católicas
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada