viernes 30 de octubre de 2009

Si la cosa funciona


Un buen título para una comedia ramplona. El talento de Woody Aleen consiste en más de lo mismo. Un inteligente físico jubilado que pasea su prepotente coeficiente intelectual acoquinando a quien se tropiece en su camino. Todos los tics que muestra el personaje son atribuibles al propio director, que reta a los espectadores mirando fijamente a la cámara y dialogando con un público silencioso.

Me ha parecido una obra fallida, pero divertida. Lo explico: la vis cómica de Aleen es innegable, pero todo el argumento está lleno de sus fobias personales. Una y otra vez intenta demostrar la inexistencia de Dios, apelando al cristiano modélico que todo buen americano lleva oculto entre su piel. Pero esa piel luce como medio bobalicona y confusa para terminar por derrumbarse descubriendo un pozo de inmundicias.

Era imposible dejar de hablar del sexo, el homosexualismo, y las paradojas del destino que con habilidad maneja la pluma de Woody Aleen. No está bien que les cuente el final. Pero les animo a que se diviertan. Yo me reí mucho, con una obra claustrofóbica que podría muy bien ser llevada al escenario. Eso demuestra lo teatral que es el director y guionista. La música sin interés. La ambientación normalilla. Y toda la chispa puesta en los diálogos magistrales de ese alter ego que es el personaje de ficción.

Pero aburre como a las ovejas que alguien te insulte a la cara y diga que tu nivel de compresión no excede al del homo sapiens en sus primeras fases de evolución. Sin embargo, ahora viene lo bueno, todo el mundo sale satisfecho de la brillante inteligencia del director. Un patán que ha hecho de su vida un psicoanálisis cinematográfico, explorando sus pulsiones íntimas en el celuloide. Y por si fuera poco se ríe hasta de su sombra. Lo que demuestra una vez más la capacidad para sacarle chispa a la vida.

El viejo Aleen sigue buscando una musa para sus obras. En este caso una jovencísima actriz que representa a la perfección la situación personal del director, casado con la que fuera su hija. Había que tratar de explorar esa relación y lo hace a su manera, como siempre. Pero con franqueza, aparte de reír sales del “comecocos” con una extraña convicción. Woody Aleen nos toma el pelo y vive de ello. Lo que le convierte a mi juicio en un gran artista del espectáculo. Pero no sé si su obra sabrá envejecer al estilo de los grandes maestros.

Les resumo la cartelera: Boris Yellnikoff es un físico jubilado que, tras intentar suicidarse por culpa de su ex-mujer, se ha convertido en un viejo cascarrabias que se pasa la vida insultando a los demás. Una noche Boris se encuentra en el portal de su casa de Nueva York a una joven, Melody, que le pide acogida durante unos días. Él acepta a regañadientes, pero poco a poco va a surgir entre ambos una relación especial que sólo se pondrá en peligro con el paso del tiempo y la llegada de los desubicados padres de Melody.
No puedo hablar de los actores, ninguna interpretación me ha parecido significativa. Son papeles de comedia, sin cuerpo, el personaje principal merece una reseña por su esforzada puesta en escena de un ser abominable que al final termina por resultarte simpático. Cosas del cine