
Un día como hoy de hace veinte años caían acribillados Ignacio Ellacurría y sus compañeros mártires en El Salvador. Ya sabemos que la versión oficial es no considerar mártires a quienes mueren por su actitud combativa frente a unas estructuras injustas. A eso lo llaman política. Pero la realidad es que el Evangelio se hace carne y sangre en los más pobres, en los preferidos. Y para muchos de nosotros los jesuitas del Salvador murieron por su compromiso con los desfavorecidos. Que es una manera de dar la vida por los demás. La dieron desde el mismo instante que se comprometieron a favor de unos y en contra de otros.
Y hoy el Papa ha lanzado una andanada sobre el hambre en el mundo en la FAO. De manera que cualquier creyente se debe sentir “a su nivel” interpelado para favorecer una distribución más justa de los bienes que son para toda la humanidad, no sólo para unos pocos elegidos. Si esto provocase una convulsión en todos los creyentes, estaríamos optando por unos derechos frente a los poderosos. Y entonces dirían que estamos haciendo política. Pero es pura Doctrina Social de la Iglesia, algo que muchos quieren relegar a un rincón.
Es completamente literal lo que dice el Evangelio: “Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme." (Mateo 25, 31-46)
Lo cierto es que optar por unos significa estar frente a otros. Y si se está en ese lugar por Cristo, porque se entiende que así es como se viven los valores del Evangelio, caer en manos de asesinos es en razón de justicia un martirio. Y no por unas ideas, sino por el compromiso con los más desfavorecidos. A monseñor Romero también lo mataron por hablar claro y alto. No podemos dejar pasar estas vidas en el olvido. Ellas encarnan lo mejor del Evangelio. Cierto que la teología de la liberación puede haber estado contaminada por posturas socialistas, pero es que si no ponemos freno al consumismo que promueve el capitalismo, los desajustes aumentan. Exactamente como hoy nos recordaba el Santo Padre en la FAO.
¿Quiere esto decir que la Iglesia llama a las barricadas a los parias del mundo?. No, no ha sido necesario, ellos han venido en patera, con visado turista, o sin papeles. Y siguen llegando desde los Continentes del hambre, para conseguir una vida digna, con un salario que les permita educar a sus hijos. Con una sanidad que sirva para todos, con una educación gratuita. No estará España muy boyante, pero al otro lado del charco la cosa está peor.
Lo cierto es que ahora los países emergentes quieren copiar el modelo de progreso basado en el consumismo. Y eso supone mantener la riqueza en manos de unos pocos. La Iglesia se ocupa de los más necesitados, pero no puede esconder la cabeza frente a los graves desajustes de la economía o frente a la corrupción de los políticos; debe llamar a la regeneración social. Y aunque de alguna manera siempre lo ha hecho, hoy en una sociedad globalizada, la doctrina Social de la Iglesia es ciertamente un modelo mucho más equilibrado que lo que nos ofrece la clase política.
Por eso quienes denuncien las estructuras injustas que priman el egoísmo de unos pocos frente a las necesidades de muchos, pueden caer acribillados y no será una cuestión de política, sino de Evangelio. Ignacio Ellacurría y sus compañeros han sido santificados por el pueblo Salvadoreño, santos súbitos le escueza a quien le escueza. Y más pronto o más tarde la Iglesia lo reconocerá
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