lunes 28 de diciembre de 2009

La Razón y L'Osservatore un curioso madrinazgo

Estoy intentando comprender por qué La Razón ha sido agraciada entre todos los medios de comunicación para editar el suplemento de L’Osservatore Romano. Hay desánimo en Intereconomía donde un ilustre bloguero de La Gaceta levanta lacónicos discursos en contra de la Razón y ese vínculo con el informativo italiano que estima contra natura, por estar relacionado el primero con algunos anuncios y portadas poco pías. Una desgracia que es común a todos los medios de comunicación y muestra la catadura moral de los mismos. Dispuestos a informar sobre la violencia doméstica y batirse por la igualdad, pero abiertos a cualquier trapicheo de dudosa moralidad y lucrativo negocio.

La pataleta es sonada. Yo leo la Razón y me encantaría acceder a sus noticias del Vaticano, pero no voy a caer en la tentación de volver a la prensa de papel. Sugiero además que quien quiera tener idea de lo que se cuece en la Ciudad Eterna establezcan un vínculo gratuito con Zenit, agencia de noticias que utiliza la mayor parte de los medios católicos. Si L’Osservatore esconde otras perlas será cuestión de seguir su pista y para eso están hoy las nuevas tecnologías que lo ponen al alcance de un clic, en versiones italiana, francesa, alemana, inglesa y española.

Lo que duele es que L’Osservatore Romano dé carta de ciudadanía católica a un rotativo, mientras otro que aspiraba al premio gordo se queda compuesto y sin novia. Frecuento toda la prensa digital, en cada una tengo mis favoritos. En La Razón disfruto con los artículos de Alfonso Ussía y poco más puedo decir. La única libertad la tienen quienes escriben sin venderse. Cuando el periódico se convierte en una empresa que tiene que medirse por la cuenta de resultados, la cosa empieza a flaquear, y vienen las concesiones. No reprocho lo que es natural en toda empresa, pero me acucia la duda cuando veo que se ataca a los propios aliados en una vendetta infantil.

Tendremos que fijarnos en la letra pequeña, la que da la publicidad. Ahí se ven con claridad los compañeros de camino. Las ideas no son productivas, no generan riqueza, de modo que todos los periódicos precisan alianzas comerciales para subsistir. La cuestión es quien camina por el mismo carril. Y sobre todo esforzarse para que la libertad no sea una quimera sino más bien aquello de lo que se puede presumir. Porque todo el mundo debe saber hacer su propia autocrítica.

En La Gaceta hay un grupo detrás con sólidos contactos y sus noticias pueden estar tan manipuladas como otros periódicos. Pero no tienen siquiera una sección de noticias religiosas. No entraré en los detalles de la ética comunicativa cuyo manual proviene de El País y se difunde en las facultades de periodismo. Hay que ser muy lerdos para no entender que el periodista además de informar, vende su pluma y su libertad a quien le paga. De ahí que el mundo de los blogs, libres de momento de cualquier patrocinio, ofrezca por el momento los análisis más certeros de la realidad social, política y religiosa.

Y como algunos para colgarse medallas de católicos, no tienen empacho en dar puñaladas traperas al resto de los colegas, les diré que los hay quienes crean fundaciones para subsistir, mientras otros se pliegan a dejar en sus páginas la publicidad de ONG o editoriales religiosas. Alianzas normales que benefician a unos y otros. En lo que sí me muestro de acuerdo es que dentro de la libertad existan unos criterios claros que marquen la ruta. Pero no termino de entender que Religión Digital promocione la Razón en sus páginas. Curioso madrinazgo.