
Los suizos han dicho en referéndum no a los minaretes. Y los del talante de siempre han levantado un grito de asombro. Pues mira por donde a mí me parece genial. Yo no tengo nada contra los musulmanes, soy capaz de creer en el misticismo sufí y todas las glorias islámicas que me quieran contar. Pero tras ver cómo se las gastan esos ayatolas cavernícolas, digo no a los minaretes, aunque parezca una contradicción con la libertad religiosa. Estoy porque se suban a un balcón y llamen a la oración a voz en pelo. De ahí no paso. A rezar a sus mezquitas todas ellas hermosísimas y financiadas con los petrodólares. Tengo muy claro que el milagro de Dubai, está convirtiendo en paraíso de ociosos capitalistas un trozo de desierto. Y me parece genial, cada uno se gasta sus petrodólares donde más le interesa. Si eso da trabajo y bienestar a los Emiratos Árabes con su pan se lo coman.
Pero las células islamistas existen y tal como andan las migraciones son un peligro potencial que tiene su caldo de cultivo en las mezquitas junto a los versos del Corán. No me creo que los islamistas terminen por occidentalizarse, más bien llevan camino de islamizar toda Europa. Y en estos asuntos los suizos han tenido más tino que otros demócratas de postín, incapaces de defender sus raíces y muy capaces de permitir la sharia, la poligamia y lo que vayan solicitando sin papel timbrado.
Desde luego queda muy democrático ,plural y tolerante, decir que tienen derecho y hablar de la libertad religiosa y hacerse agua la boca con los derechos humanos. Yo por el contrario admiro que tal y como están las cosas se haya permitido manifestar la opinión pública en un referéndum. Se han plantado y me parece muy bien. Para mí lo del pluralismo y la convivencia sólo se puede dar en reciprocidad. Si los Emiratos Árabes se democratizan hablaremos de poner minaretes. Si Afganistán deja de ser un forúnculo enquistado que no sabemos cómo sanar; a lo mejor empezamos a creer en la coexistencia de todas las civilizaciones en armonía. En definitiva es una aspiración que hay que fomentar pero sin perder de vista los peligros que conlleva una bajada de pantalones tras otra.
Lo siento pero hoy no estoy poética, han vuelto a azotar a una mujer por el terrible pecado de llevar una falda que le cubría hasta las rodillas. Si no quieren así a las mujeres, que no vengan donde nos enfundamos unos pantalones o una minifalda. Que no vengan donde existe una legislación contra la violencia de género. Que es exactamente lo que ellos aplican en sus respectivos hogares con sus mujeres, aunque a ellas nunca se les ocurriría acudir a un juzgado para poner una denuncia.
Lo siento pero se ha caminado mucho por los derechos de la mujer para que ahora veamos andar detrás de un hombre a una musulmana cubierta hasta las cejas. Digo detrás porque ese es el lugar donde sitúan a la mujer en la calle, además de en el sacrosanto hogar a disposición del varón. Como siempre me he considerado feminista y femenina, abomino del trato que se les da a las mujeres en los países islámicos y no quiero ver ningún burka por mi calle.
Ahora vendrán los conciliadores a decirnos que eso son casos extremos y que los musulmanes son muy tolerantes, tanto como para matar a una hija que decide no seguir un matrimonio de conveniencia o para ir con su hija de visita turística para realizar la ablación del clítoris. Una gozada de tolerancia y occidentalización. Por cierto, convertir a un musulmán es condenarlo a muerte según su religión. De manera que cuanto más lejos mejor. Si no puedo hablarse de Cristo sin que me quemen en una pira, que voceen en el desierto la llamada a la oración, de minaretes ni uno. Y quien tenga dudas que consulte la hemeroteca con las sucesivas persecuciones y asesinatos de cristianos en todo Oriente y parte de Asia.
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