viernes 27 de febrero de 2009

La caverna mediática se revuelve

Cuando quiero reír un buen rato me paso a leer El Plural, ese panfleto en el que escribe Enric Sopena contra lo que él llama “la derecha montaraz”, “derecha de sotana y sacristía”. Términos acuñados con mala baba para calificar en un extremo aquello que representa lo opuesto, y ya se sabe que los extremos se tocan, porque ambos no son representativos del sentir de la mayoría en este país. De lo contrario España sería una república comunista o seguiría con una dictadura militar.

Pero así están las cosas, por eso los calificativos son tan socorridos, sirven para expresar más de lo que significan, resumen en un término y con amplitud de miras aquello que deseamos expresar. Yo utilicé “nacionalismo excluyente” y “progresía de salón”. Ahora los encuentro en la red a todas horas y me hacen sentir un “dejà vu” constante cada vez que vuelvo a leerlos. Es lo mismo que la palabra icono. Cualquier académico nos diría que matamos el idioma, por no saber utilizar los adjetivos. Francamente a mí me gusta crear neologismos, es la mejor manera de contribuir al desarrollo del lenguaje. Si además tienen éxito, “miel sobre ojuelas”, aunque no reciba derechos de autor.

El caso es que a fuerza de hablar de las dos Españas nos lo terminamos de creer, cuando en realidad los españolitos de a pie, son centrocampistas que según por donde gire la pelota, chutan a izquierda o derecha. Seguramente se nos puede aplicar la frase Bíblica según la cuál “a los tibios los vomitaré de mi boca”. Y entran unos sudores por la frente que nos recuerda que cuando la cosa es “ni fu ni fa”, termina por aburrir hasta las ovejas. El tema de entrar a trapo con el toro es porque algunos han calificado de masón al nuevo Ministro de Justicia.

Vengo observando que a la Logia le atribuyen los males de esta sociedad -que tiene otra via llamada “del pensamiento débil”-, que según Sopena consiste en ser individuos de ideas avanzadas, libre pensador, liberal en el sentido genuino del término y, por descontado, masón. Así las habladurías reflejan aquello que más interesa y es descalificar al contrario a quien el subconsciente atribuye el calificativo de retrógrado, conservador y por descontado católico. Pues va a ser que no. Católico no es “comulgar con ruedas de molino”. O aceptar la falsa imagen de “el talante y el diálogo” que a la postre resulta ser “de boquilla”.

Progreso es respetar la vida desde su inicio hasta su ocaso. Por encima de las conveniencias personales, aquellas que deciden quitar de en medio a quien molesta, porque no puede valerse por sí mismo, porque es una carga de responsabilidad que aparece de improviso, de la que nos queremos deshacer justificando nuestros actos, con una mal entendido sentido de la compasión. Progreso es educar para el respeto del diferente, pero no admitir que se puede llamar matrimonio a cualquier cosa, debilitando la célula principal de la sociedad, para satisfacer a una minoría que en definitiva lo que busca es ser aceptado por la sociedad. Para eso no hace falta experimentar con los sustantivos a la hora de legislar.

Querer convertir la Iglesia en una secta que se opone a cualquier reforma es lo mismo que atribuir a la Logia el poder pagano de este mundo. Una simplificación absurda que sirve como guión de una mala película. Afortunadamente somos muchos quienes opinamos sin consignas, ni prebendas de ningún tipo. Somos mayoría quienes sienten rechazo por la guerra tribal de los extremos. Pero comenzamos a levantar la voz para limpiar de rastrojos y adherencias extrañas esta tierra, para despertar conciencias dormidas y volver a pedir responsabilidad y coherencia, por encima de las luchas partidistas

viernes 20 de febrero de 2009

Más investigación y mejor ciudadanía



El Supremo sentencia: no se puede objetar a Educación para la Ciudadanía. La asignatura no es incompatible con la educación moral y religiosa conforme a las convicciones de sus padres. Me creo cualquier cosa que provenga de un juzgado. Es decir, creo que la Justicia española viene a parecerse mucho a una gresca en un patio de vecinos. Aquí se puede matar y salir antes a la calle que quien ha hurtado una bicicleta. Por algún extraño motivo los pederastas andan sueltos y sus causas se pudren apiladas en cualquier despacho hasta que cae una nueva víctima. Se pudo en su tiempo objetar al servicio militar, que era un servicio a la patria, pero ahora tienes que comerte el marrón que te venda cualquier editorial, para formar en un espíritu ciudadano que se parece horrores a la sociedad del Gran Hermano.

Por si queda alguna duda tenemos el ejemplo reciente de unos jueces que invierten su tiempo en cotos privados con monterías de alto copete para pasmo del pueblo llano y vergüenza de sus compañeros. Dando lugar a que todo “el campo sea orégano” y la vida una fiesta para el más espabilado, mientras el país se pudre en una crisis moral y económica donde se junta el hambre y las ganas de comer. Que alguien ponga un poco de sensatez a tanto entuerto porque de verdad que dan gana de exiliarse.

Para terminar de redondear la faena nuestro flamante portavoz de la Santa Sede suelta un discurso lleno de buenas intenciones con los medios, diciéndoles a la cara que no se puede mentir, ni venderse por un cuartillo de miles de euros. Que todo se sabe y los chorizos llevan ahora corbata y zapato de suela. Pero reconociendo que el oficio de informar además de peligroso requiere unas dosis de ética que dignifique la profesión.

Una ética que yo haría extensible a todas las capas sociales. Porque les vuelvo a insistir que la educación no es competencia exclusiva de los profesores. Donde de verdad se cuece el asunto es en la familia y en la misma sociedad. Yo respeto mucho los Tribunales, pero estoy convencida que no tienen la verdad absoluta. Las sentencias que se resuelven por presión mediática no son buenas, aunque sean en las instancias del Supremo.

Por eso creo que la batalla no está perdida. Los romanos inventaron el derecho y se basaba en el sentido común. Y son muchos quienes creen que hay un interés concreto por moldear la conciencia de los más jóvenes. De un modo que vulnera las convicciones de los padres. Pero es cierto que la asignatura es de diseño y además está libre de sospecha en colegios concertados, donde se adapta al ideario del centro.

Sin embargo, siguiendo la sinuosa senda de la LOE, puede que exista un momento que de lugar a interpretaciones que choquen frontalmente con la educación que los padres desean para sus hijos. Como es natural, no les molestará que sean educados en la solidaridad y el respeto a los diferentes. Pero si ese respeto conlleva un relativismo moral y una educación sexual del póntelo y pónselo, alguno que otro le puede sonar a educación en la promiscuidad y la falta de responsabilidad personal.

Como doctores tiene la Iglesia que saben más de este tema que una servidora. Dejaremos que las cosas sigan su cauce por las diversas instancias civiles del Estado. Pero que no se diga que estuvimos callados e impasibles mientras la cohorte política hacia de las suyas cambiando aquello que nos es más preciado, la juventud que significa el futuro de un país. En definitiva un poco más de cuidado con lo que escupen las televisiones públicas, porque de las privadas te puedes esperar cualquier cosa. Y mucho más inversión en investigación y desarrollo. Lo demás será como los melones, sólo lo podremos saber al abrirlos.

viernes 13 de febrero de 2009

Saramago se despacha contra Bertone

Como dije en su momento, estoy leyendo El viaje del elefante de Saramago. Y lo repito porque no me ha producido ninguna emoción. Llevo cincuenta y cinco páginas y puedo dejar de leer. Mala señal, a mi juicio, para un libro que no llega a alcanzar las trescientas. No es por tanto ninguna maravilla, aunque esté bien escrito y goce del indulto general al estar firmado por un premio Nobel. Pero es que los premios tampoco salvan toda la obra de un autor, ni siquiera son capaces de librar al personaje de cometer estupideces monumentales.
El caso de Saramago, no deja de ser ilustrativo al respecto. Posee una aureola izquierdista que lo hace identificarse con cualquier revolución y por ende, le subleva todo lo que huela a religión. Así que ni corto ni perezoso estigmatiza al Vaticano y especialmente toda la puesta en escena del viaje del cardenal Bertone a España. En un artículo en su blog deja caer sus improperios con furia anticlerical.

No puede soportar que exista un respeto hacia La Iglesia, a la que considera, capaz de recurrir al chantaje moral, para inmiscuirse en la gobernación de los países. Deplora al más rancio estilo republicano y laicista que todo un presidente de Estado quede subyugado por un cardenal, y que la prensa se haya volcado en el reportaje de su visita a nuestro país. Olvida un detalle imprescindible que hay que reseñar, la mayoría católica de este país y la importancia que tiene la defensa de las libertades, esas que otros no les importan conculcar, obligando al estudio de asignaturas de diseño o estigmatizando una asignatura concreta.

Para Saramago, los dirigentes de la Iglesia, a quienes se refiere como "estos señores", se les supone "investidos de un poder que sólo nuestra paciencia ha hecho perdurar". Con una desmemoria que no es propia de un literato de su altura, se salta la decisiva influencia en la moral de los ciudadanos que obedece a la herencia cristiana y que está impresa en el código de justicia. Esa misma influencia que él no dudaría en borrar del mapa, para que su amancebamiento tome carta de segundo matrimonio. Y es que fastidia que alguien te diga lo que está bien o mal, de ahí la impronta masona de los liberales que echan pestes de la Iglesia y todo lo que huela a sacristía.

Es el viejo dilema de la sociedad moderna que no quiere tutelajes. Que abomina de quien pueda discutir sobre deberes o derechos. Es la paradoja del caso Eulana, donde en nombre de la defensa de la libertad para decidir sobre mi cuerpo, otros deciden darte matarile y acusan a la Iglesia de poner cargas pesadas. Saramago llega a rozar la estupidez o tal vez sea un rasgo de memez y senectud, cuando compara a la maquinaria Vaticana con el hundimiento del Titánic. Ahí se le notan las ganas de borrar de un plumazo aquello que tanto le enerva. Al escritor se le olvidan los siglos de historia que no han podido hacer caer la doctrina de la Iglesia. Y aunque lleva escrito Un Evangelio según Jesucristo, no parece recordar las palabras que prometen la soberanía de la Iglesia hasta el final de los tiempos.

Puede que existan motivos para considerar que el cristianismo en occidente está en su declive, pero no cabe la menor duda de que Asia florece y África es una esperanza de futuro. Mientras se discute sobre el derecho a matar en nombre de la libertad, otros defendemos el derecho a respetar la vida, en nombre de Dios. Y aunque no nos guste dorar la píldora a nadie, festejamos la valentía de quienes no se doblegan a un pensamiento dominante.

La sombra de una historia dramática acecha a occidente, cuya población envejece con rapidez. Es la imagen de un Estado que decide sobre la vida y la muerte, en nombre de la libertad, dejando indefenso al ser humano. Ahí la Iglesia no claudica, la vida es sagrada desde su inicio hasta su ocaso. Le guste o no a Saramago.

viernes 6 de febrero de 2009

Los escándalos persiguen a Benedicto XVI

Ciertamente “Dios escribe recto con renglones torcidos”. Ya dije en su momento que nos tendrían que explicar aquello de excomulgar y desexcomulgar en cuestión de unas décadas y bajo la autoridad de dos Papas. Parece que el tema de los lefebvristas es más bien el canto del cisne del Papa Benedicto. El asunto no le va a salir redondo, sino con toda probabilidad con alguna que otra rebeldía ad intra. Y es que Benedicto XVI ha dado un paso insólito que en otros lugares no tendrían ningún pudor en denominar como “una bajada de pantalones”. Sin que los lefebvristas hubiesen manifestado un deseo expreso de acatar el Concilio Vaticano II, se les ha levantado la excomunión. Y hay que añadir la escandalosa declaración de uno de sus obispos en cuestionar el número de víctimas en la memoria histórica del Holocausto.

A mí las consideraciones y los gustos por defender una forma u otra de celebrar la litúrgia, me parece entrar en un terreno reservado a lo exótico. Poder celebrar la misa de Juan XXIII fue el primer paso, el segundo más claro, si cabe, levantar la excomunión. Y ahora sólo queda que los señores obispos de la fraternidad San Pío X jueguen a echar un pulso a su Santidad. Porque ciertamente el pobre iba a quedar en muy mal lugar.

Que hayan manipulado las declaraciones de un obispo, no me asombra, cada uno baila al son que tocan los de su cuerda. Pero si que es cierto que los tradicionalistas tienen una ideología política que puede resultar incómoda. Y lo dicho por el obispo levanta ampollas en todo el mundo. De modo que sólo quedaba la solución airosa de pedir una retractación publica. Sin embargo, el daño ya está hecho y no beneficia la imagen de su Santidad a quien hemos tenido que defender en Ratisbona y que ahora ya no sabemos como disculpar.

Lo dije y lo mantengo, la noticia bomba, la realmente grandiosa hubiera sido que los lefebvrianos tras la autorización del Motu Propio hubieran pedido la vuelta a la Iglesia católica. Más aún que esa solicitud cursada pidiendo levantar la excomunión que al parecer llevaron al Vaticano, hubiera sido sellada con un pleno asentimiento al Concilio Vaticano II.

Y es que se juega mucho en este asunto. Y el cisma es ahora más probable que antes de levantar la excomunión. Son muchos los cambios habidos en la Iglesia católica y desandar lo andado es una contradicción en sí misma. Es posible mantener la liturgia en varios ritos, pero no cuestionar un Concilio. Al primado de Pedro, tan denostado por los reformistas, le bastaba este desliz para quedar a los pies de los caballos.

Hay toda una cultura hedonista que combate a la Iglesia católica. Toda una visión del hombre ecléctico y relativista que conlleva poner en tela de juicio cualquier autoridad. Se abrieron las puertas al diálogo hace cincuenta años, pero iban en otra dirección, apuntaban a un ecumenismo y la unión de los cristianos. Señalaban, también a un aggiornamiento con el mundo moderno. Todavía no ha llegado un papado que centre lo mejor de ambos extremos. Porque lo cierto es que se cometieron toda clase de simplezas en nombre del Concilio y seguimos pagando su errónea interpretación.

Sólo nos queda orar para que todo este embrollo quede aclarado. Porque está resultando un espectáculo patético al que sólo le faltaba añadir el escándalo del fundador de los Legionarios de Cristo. Noticias así, no benefician a nadie