martes 31 de marzo de 2009

El rechazo al nacionalismo periférico



Con sinceridad, que un enfant terrible de la progresía como Albert Boadella escriba su “Adiós a Cataluña”, desmenuzando todas las tropelías que el nacionalismo ha realizado estos últimos treinta años, me llena de satisfacción. Si el cerebro de “Els Joglars”, sin pelos en la lengua y catalán de pura cepa, prefiere ahora pasarse al castellano, es que algo grave funciona en Catalunya y los listos se abren. Porque lo cierto es que Boadella reconoce haber perdido tirón después de su apoyo a Ciutadans. Y Ahora se encuentra muy cómodo en Madrid. Toda una declaración de guerra que promete una saga interminable.

Dejen que les cuente lo hermosa que siempre me ha parecido Barcelona: abierta, plural, cosmopolita. Eso cuando iniciábamos la Transición. Cuna de la movida cultural mucho antes que los chicos de Almodóvar sitiasen Madrid. Por allí pasaba lo mejor de lo mejor. Buena música, buena gente y una manía persistente en la memoria, la de una lengua propia y su idiosincrasia nacionalista. Ya por entonces, lo que era provocación con la nova cançó, se veía en otras latitudes como soberbia cultural e imperialismo. Ahora ya son más quienes entienden que la inmersión lingüística ha sido bestial. Y otros temas no menos sangrantes que son un verdadero agravio a quienes dejan su sudor en esas tierras.

No quiero hacer comparaciones porque a todos nos parecerían injustas. Pero hay dos nacionalismos que han hecho su modus vivendi de espaldas al resto de los españoles. Y como la vida da muchas vueltas, resulta que hemos recibido una generosa savia de diferentes países que ha cambiado nuestra imagen. Hoy hablar catalán o euskera es una imposición que sólo tiene sentido en unos miles de kilómetros a la redonda. Y pierde todo interés saliendo de esa ruta. La lengua cultural impuesta por la rueda de la vida, es el inglés, y el español tiene salida en varios países al otro lado del océano. De modo que el consumo cultural propio de esas dos regiones se reduce considerablemente. Les guste o no les guste lo suyo es localismo, con todo el derecho a cultivar su cultura, pero también respetando la de los demás.

Así que Albert Boadella ha saltado al gran mercado, dejando als patufets con dos palmos de narices. Que ellos se lo coman y se lo guisen en “pa i tomaca”, que la compañía del genio catalán prefiere brindar con Don Perignon. Y es que hay clases para todo. Por la zona norte tenemos otro enfant terrible aliado de Rosa Diez, me refiero al teatrero Fernando Arrabal que ha demostrado tener un par haciendo frente a mucho más que una lengua o idiosincrasia. Estas dos figuras señeras se merecen un diez, por seguir siendo libres y transgresores. Se podrá o no coincidir con ellas en muchas otras cosas, pero en plantar cara a los dueños del cortijo nadie les gana.

Y mientras estos dos personajes de la cultura española van de vuelta. Otros quieren copiar una fórmula que hace agua, para desgracia de todos los españoles. La verdad es que treinta años son suficientes como para que mañana 1 de abril, pasemos página y volvamos a sentirnos todos españoles. Si Rosalia de Castro levantase la cabeza probablemente se lamentaría con versos de su tierra que olvidan a la otra mitad de su yo. Porque lo cierto es que todos los españoles estamos hechos a pedazos de regiones. Unos tenemos ancestros en Navarra o Cataluña y otros se remontan a la nobleza andaluza o extremeña. ¡Qué más da!. Lo cierto es que debemos reconocernos todos hermanos y no dejar que una lengua nos separe, ahora que todo el mundo busca alianzas de civilizaciones, parece que otros se empeñan en un autismo suicida, volviendo su mirada al pasado.Nos falta revisionismo histórico de la Transición, dejando lo caduco para iniciar la senda de una consolidación democrática que haga verdadero país en España. Ustedes ya me entienden.

domingo 29 de marzo de 2009

Manifestación cívica y ejemplar



Algo se mueve en el horizonte. Marchas por la vida en diferentes ciudades españolas y en algunas de Hispanoamérica. Un movimiento que sacude la conciencia del planeta. En la medida que consolide su independencia de partidos y consignas políticas, será mucho más efectivo. Puede ser la gran revolución de este principio de siglo convulsionado por la globalización y la crisis económica. Mientras determinados aforos claman por la liberación del aborto y el uso del preservativo como solución al SIDA. Otras voces se levantan por encima de puritanismos religiosos para proclamar la realidad, que la vida debe ser respetada como un derecho y que es deber del Estado protegerla. Que el SIDA se combate con abstinencia, fidelidad y medicinas al alcance de todos los bolsillos.

La marea roja ha inundado las calles de nuestras ciudades y algunos se han prestado al juego de siempre. La cuatro emitía sin tapujos en el informativo del medio día la consigna de que los obispos habían fomentado la manifestación. Afortunadamente éstos han sabido separar lo que fue la Jornada Por la Vida, bastante polémica por su campaña con lince incluido, de la manifestación de este domingo. Si esta convocatoria prospera se convertirá en un movimiento ciudadano con equivalencia a otros que en otras épocas lucharon por los derechos civiles y sociales. Hay que seguir insistiendo que el aborto es un fracaso social y el progreso consiste en proteger los derechos de los más indefensos.

Llama la atención que algunos medios de progresía eclesial silencien o manipulen estas convocatorias. Está visto que existe miedo a ir de la mano junto a organizaciones que algunos califican de extremistas. Por lo visto la moda relativista de diálogo y aceptación de cualquier monstruosidad ha calado anestesiando la conciencia. No seré yo quien juzgue la situación crítica de una mujer embarazada y sin recursos. Pero dejando al margen la casuística, cabe movilizarse con la misma pasión que lo hacemos contra la guerra o el terrorismo.

No caigamos en farisaísmos, ninguna mujer debe ser más culpable que el varón dispuesto a darle la espalda cuando más lo necesita. Esa responsabilidad compartida ya está al alcance de la ciencia. De modo que si es posible legislar contra la violencia de género, también es posible exigir responsabilidades al varón que trasmite a la mujer la consecuencia que debe ser compartida por ambos. El feminismo debe consistir en feminizar la sociedad, con valores de ternura y protección que son propios de nuestro género. No en masculinizar a la mujer haciéndola irresponsable de sus actos, hasta llegar a deshacerse del fruto de su vientre.

Que esta manifestación sirva de modelo para otras del mismo significado y con el mismo carácter pacífico y cívico. Exigiendo legislar a favor de la vida, con todos los matices que sean precisos pero sin consentir abrir las puertas a lo que ya ha sido denominado el bochornoso genocidio del siglo XX y lo que va del XXI. Libertad para la mujer, educación sexual para generar vida con responsabilidad, desde luego, pero también entrañas de misericordia frente al ser más desvalido.

Volvemos ahora la mirada hacia actos del pasado que no logramos entender, por ejemplo la esclavitud. Que sin embargo sigue en vigor en la actualidad aunque con rostros diferentes. Todo eso ha supuesto movimientos cívicos hasta conseguir la igualdad de derechos de los negros en sociedades racistas. Y hoy no entendemos qué les sucedía a nuestros antepasados. Pues es probable que también juzguen el silencio cómplice de miles de personas ante el crimen del aborto. Que sepamos estar del lado que estaría el mismo Jesucristo, a favor de los más pobres y desvalidos.

viernes 27 de marzo de 2009

Mujeres en la curia



Estamos de enhorabuena. Hoy se hace eco religiondigital del nombramiento de la primera mujer en el Consejo Episcopal de Tarragona. Rosalía Gras ejercerá como secretaria general y canciller. No voy a decir que me parezca una medida acertada porque soy de las que opina que las cuotas paritarias pertenecen a un Ministerio que sobra. Estoy más cerca de Rosa Montero quien hoy mismo habla sobre el poder y la mujer.

El talento debe ser valorado con independencia de la condición sexual, religiosa, o política. Los prejuicios que llevan a cabo determinados nombramientos, segregando a unos a favor de otros, no dejan de ser los “enchufados” que siempre han existido. Pero en cuestiones de cargo, lo mejor es dar la alternativa y que quien entra apechugue con la faena. Luego el tiempo pondrá a cada cuál en su lugar.

Rosalía Gras tiene ahora la oportunidad de dar un toque femenino en las alturas. Un toque que no sea de ecónomo de la diócesis o bagatelas propias de “chupatintas”. Me parece que si la eligen es porque tendrá méritos suficientes para dar la talla. Y tal vez se abra un abanico en la curia que hasta ahora pertenecía exclusivamente a las religiosas al servicio del obispo. También pudiera ser que existan otras mujeres en los Consejos Episcopales y yo lo desconozca. En cuyo caso estaríamos doblemente de enhorabuena.

¡Qué quieren que les diga!. En una Iglesia donde la mujer siempre está tutelada por un varón algo debe cambiar porque no están los tiempos como para ir cerrando filas ensimismados en un autismo suicida. Las jóvenes de hoy tienen sobrada formación y conocimiento para acceder a cargos de la Iglesia. Así que es de alabar la decisión del nombramiento de Rosalía Gras, a ella le toca ahora responder con su trabajo.

Le deseo lo mejor, pero vuelvo a remarcar que la estructura de la Iglesia es opresoramente machista y hace falta un aire nuevo. Eso no quiere decir que se entre en el terreo de la ideología de género ni pamplinas similares. Es sencillamente que el mundo ha dado un vuelco y no se puede seguir con esquemas trasnochados. Esto no quiere decir que se cambien los dogmas ni la doctrina de la Iglesia, pero sí que en las formas y en su estructura se debe dar paso a la mujer.

Ya sé que vendrán a decirme que lo importante es el servicio. Pues oigan bajen ustedes a servir y dejen que otros sirvan desde arriba, codo a codo con quienes toman decisiones que a todos nos afectan. No voy a reivindicar un papel que es evidente, los laicos son el futuro de la Iglesia. Cada día disminuye el número de consagrados y presbíteros, al menos en el viejo Continente, de modo que las cifras cantan. El relevo es imperioso, hay que preparar a los laicos para trabajar al servicio de la Iglesia.

En estas cosas no vale improvisar. Pero tampoco es conveniente abusar. No vayan buscando “mirlos blancos”. No siempre se puede tirar mano del voluntariado porque la vida te hipoteca las horas y gente disponible cada vez resulta más difícil de encontrar. De manera que vale la pena pensar en el futuro y que cunda el ejemplo. El portavoz de la Santa Sede fue durante años un laico que supo gestionar su cargo con soltura. La Conferencia Episcopal ganaría si tuviera otra imagen. No sé si sus estatutos permiten laicos ni mucho menos mujeres. Pero no me negarán que una mujer como portavoz daría un vuelco que sería favorable a toda la Iglesia. Y ahora vendrá algún graciosillo a decirme que me propone para el cargo. Lo siento, monseñores, no estoy por la labor

martes 24 de marzo de 2009

Dejad una oración por la vida


Celebramos la Jornada Por la Vida, muchos lo harán rezando mañana por cada ser desgajado del vientre de su madre. Miles de víctimas inocentes que nadie supo proteger. Tal vez nos juzguen en el futuro con la misma actitud de asombro con la que hoy no entendemos situaciones del pasado. Guerras o injusticias que sucedieron en la Edad Media o en otra época. De la misma manera que nos parece increíble el Holocausto y acaecía mientras mucha gente vivía su vida con tranquilidad, puede que a nosotros nos recriminen nuestra insensibilidad ante un genocidio que es un fracaso de toda la sociedad.

Porque el aborto es un fracaso. Es la jovencita que no quiere asumir responsabilidades; la pareja que tienen una hipoteca y no quiere pasar apuros económicos con una boca más que alimentar; la madre que prefiere un bebé sano a otro con dificultades que le supondrá una carga para toda su vida. Todos ellos deciden que el aborto es un derecho al que optan por conveniencia. Esa es la mentalidad del fracaso social. Del país que no facilita lugares donde asistir a las jóvenes embarazadas en apuro. Subsidios para padres que deseen formar una familia. Ayudas y protecciones a todos los disminuidos psíquicos que no tienen culpa de ser así, porque igual nos podría haber jugado a nosotros una mala pasada la naturaleza.
En realidad tenemos que pensar en ayudar a quien más lo necesita y si eso no entra dentro de los planes de un gobierno, es que algo falla en la sociedad. Algunos quieren noticias positivas y solidarias de esas que se dan en todas las ciudades de la mano de gente de bien. Pues sí, existen y cada día más. Son quienes crean redes de asistencia para facilitar el embarazo en las madres, en definitiva para evitar el aborto.

A todos ellos les gustaría que en las clínicas abortivas escucharan palpitar el corazón que va a ser destrozado minutos después. Ese latido suave de la vida, ese pálpito o chispa que nos dice que debemos proteger al ser más débil, al indefenso ser que espera una oportunidad para nacer. Y no me quiero meter en honduras sobre la biología o la bioética. El sólo hecho de pensar que una chispa de Dios se apaga irremediablemente en cada aborto, me pone los pelos de punta. Eso es exactamente lo que debemos pensar cada cristiano y cada hombre o mujer de bien. Defender la vida y respetarla en cualquier caso.

Por eso hay muchas redes y asociaciones dispuestas a defender a las madres que abandonadas se ven abocadas a la solución fácil del aborto. Veía Informe Semanal este sábado y allí jóvenes de dieciséis y diecisiete años, hablaban de su aborto, como una cuestión de madurez: no estaba preparada, no tenía nada que ofrecerle. Y la pregunta inmediata era: ¿Y por eso le ofreciste la muerte?. Tal vez en una sociedad pro-vida ese niño sería un hijo adoptado y llegaría a formar una familia, o incluso a ser un médico que salva niños en riesgo. Porque al saber que fue adoptado pensaría que su madre no lo mató, no buscó la solución fácil.

Siento que la despenalización del aborto se hizo en función de unos supuestos que la Iglesia nunca ha contemplado. Y pese a ello tal vez entienda que la píldora del día después no es un aborto, que la violación no puede imponer a un ser en tu interior, que se debe elegir en peligro de muerte optando por una u otra vida. Soy mujer y no quiero para otras lo que no quisiera para mí. En esos supuestos límites y con muchos controles y cautelas tal vez entendería una decisión tan drástica y se justifique la despenalización. Pero no me cabe duda que si se instalan clínicas abortivas como setas y se rellenan papeles que son simples trámites. La sociedad no defiende al ser más débil. Y como seres humanos fracasamos. Es la ley de la selva, muerte al más débil, gana no el mejor sino el más fuerte. ¡Lástima de progreso!.

La trampa que esconde el aborto es que la sociedad ha fracasado. No es la mujer la que aborta es nuestro sistema social, inhumano y genocida. La mujer abortista es también una víctima de esta sociedad insensible y grotesca que considera un aborto como una operación de nariz, pura rutina en clínicas de hoy me lo quito y mañana ya estoy limpia. La falta de escrúpulos e insensibilidad está llegando en muchos casos a la misma mirada que tenían los carceleros nazis, puro trámite, sin identidad, sin registro, carne de cañón. ¡Que Dios nos perdone!. Por eso os pido que dejéis hoy una oración por la vida.
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domingo 22 de marzo de 2009

Las abortistas juegan con el lince

Increíble pero cierto, las felinas han salido a combatir a la Conferencia Episcopal. Se llaman “Las linces” y han abierto un blog, luego se han dado de alta en todas las redes sociales y además cuelgan montajes del niño y el lince manipulados, donde quien está en peligro de extinción es el mismísimo Rouco. Eso significa que la campaña ha dado en la diana. Otros fingirán diciendo que el cartel se ha vuelto contra la Conferencia Episcopal. Pero lo cierto es que a vuelapluma y en la calle, tienen más respaldo las sotanas.

El furor que muestra el contraataque es muy curioso porque no proviene del partido socialista que en sus expresiones a la prensa se muestra comprensivo y democrático: “La Iglesia siempre se opuso al aborto, tiene derecho a hacer las campañas que quiera”. Asombroso quienes se han lanzado a la yugular en ambos extremos son las asociaciones. De un lado los pro-vida que están organizando otra gran manifestación. Del otro, los pro abortistas que siguen legislando según la moda europea aunque estas leyes ya hayan demostrado lo absurdas e innecesarias que fueron.

Mucho más claro está, a poco que se investigue, que los próceres que nos gobiernan no confían en la juventud, están convencidos que deben protegerles de su libido, que los arrastra hacia el contagio venéreo o el embarazo innecesario. De ahí que quieran rebajar el derecho a decidir qué hacer con su cuerpo. Lo letal es el resultado: que no se está violentando su cuerpo, sino el de otro ser que ha sido anidado en su interior.

El verdadero progresismo está ahora en respetar la vida y proporcionar políticas coherentes con el respeto a la dignidad del feto. Esas políticas pueden pasar por hacer factible la conciliación laboral y la maternidad; facilitar la entrega en adopción de los niños no deseados; obligar a las pruebas de paternidad a quien se inhiba de sus responsabilidades; fomentar una educación sexual que vaya más allá del póntelo-pónselo. No convirtiendo el sexo en un juego de fin de semana sin consecuencias

Las linces no están por esa labor. Apuestan directamente por las clínicas matarifes, y creen ser muy modernas si consiguen convertir en derecho el aborto. Las consecuencias de este patinazo legal no las contemplan. En el momento que dejamos de respetar la vida, cualquier vida, esto se convierte en la ley del más fuerte. Por eso no hay que tener miedo a postularse contra el pensamiento dominante.

Queda todavía mucho camino y juventud muy sana y responsable. No todo es una bacanal tras otra. Los hay quienes saben que la sexualidad es un componente más de nuestra personalidad que no puede dominar al individuo sino ser sometido al raciocinio y el sentido común. Hay quien está dispuestos a excederse por mucho que les pongas semáforos en su camino y códigos de circulación. En definitiva, la Iglesia y sus enseñanzas, nos muestran siempre el camino de la responsabilidad y de la donación de sí mismos.

Vuelvo a insistir el tema está bien planteado. Alguien lo definió muy bien: “El Amor es un yo que busca un tú para formar un nosotros”. El sexo desgajado de su humanidad esclaviza en las redes de pornografía a quien busca ávidamente sensaciones más fuertes. Por ahora las clínicas de desintoxicación trataban las drogas y el alcohol, pues bien ahora ya están incluidas otras adiciones como el sexo o la navegación por Internet.

Proteger a los jóvenes de sus excesos es ser progresistas. Enseñar el valor del esfuerzo y de la dignidad propia, parece que no lo contempla Educación para la ciudadanía. Pues rectificar es de sabios, ya saben hay otros caminos que no son precisamente los de la promiscuidad

viernes 20 de marzo de 2009

Católicos críticos con la jerarquía



Si, protesto, no quiero dejar de ser progre, ni moderna, ni feminista, ni católica. Meter todo en el mismo saco es más complicado cada día. Pero es que lo ponen a huevo. La campaña Pro Vida de la Conferencia Episcopal levanta la inquina de los progres de salón. Basta que sea un campaña a favor de la protección de la vida para que la asocien a la Iglesia del no. ¿Qué tendrá que ver lo uno y lo otro?. Pues así es. Mentes preclaras del catolicismo abominan de la campaña por su forma y su fondo. ¡Ahí queda eso!.

Todos los años la Iglesia celebra una jornada Pro Vida. En esta ocasión hay a las puertas una modificación de la ley del aborto que pretende asimilar la matanza con un derecho; además de facilitar su acceso a menores de dieciséis años, sin consentimiento de sus padres. Así que el fondo está justificado. ¿Y la forma?. Pues también. ¿Hay algo más evidente para la gauche divine que defender la naturaleza y las especies en peligro de extinción?. Pues ahí les han dado de lleno. No pueden negar que están labrando una ley para facilitar la eliminación de seres humanos. Mientras se encarcela a quienes no respeten al lince o la foca monje o el cangrejo saltarín de las rías. ¡Qué se yo!.

El caso es que tenemos a unos católicos que debieran hacer piña con la Conferencia Episcopal y se dedican a cuestionar la campaña. Y digo debieran hacer piña porque lo que para algunos cuenta es dejar a la jerarquía por los suelos cada vez que se tercie. Y Dios me libre, no me gusta que se instrumentalice la religión, pero no vamos a callar por esa simplicidad manipulada hábilmente durante toda la democracia; mientras el resto remolonea con casuísticas extremas dejándose llevar por la bondadosa mirada del samaritano misericordioso. ¿No sería posible unir ambos extremos?. La misericordia no debe estar reñida con Verdad, así en mayúsculas.
Y digo yo que no hay nadie más misericordioso que quien decide defender a quien no tiene voz. Un derecho, el de la vida, que debe considerarse en todas las legislaciones sin menoscabo de que exista una despenalización para determinados supuestos. Pero de lo que aquí se trata es de cerrar filas para que el aborto no se convierta en un negocio. O en la salida anticonceptiva más socorrida y usada por la juventud, y eso después de estar siendo adoctrinados en la sexualidad con condón y anticonceptivos a tutiplén, por cerca de dos décadas de LOGSE, ahora transformada por el arte de birlibirloque en LOE, antes LOCE defenestrada en aras del aprendizaje comprensivo.

Se aproxima una nueva manifestación, a la que se van sumando más voces. Salen manifiestos a los que se adhieren profesionales y científicos. Hay pues un fondo de cultivo claro. Se ha visto en las clínicas del terror fetos triturados. Seres humanos eliminados por la frivolidad de la moda social. Porque frente a la facilidad para abortar, antes debe existir la protección a la vida y la facilidad para ser madre responsable, sin temor al futuro, ni a la educación y cuidado del bebé que está por llegar.

Así que no nos vengan con milongas. Las católicas por el derecho a decidir que se vayan con su lema a otro país, donde sea necesaria su deliberación. Aquí, en la sociedad del bienestar, ser madre soltera no es ningún problema. Las hay que deciden inseminarse, miren ustedes como han cambiado las cosas. Mientras, otras deciden que no quieren una responsabilidad a su cargo que interrumpa su brillante porvenir. No seré yo quien le ponga coto al campo. De entrada obligaría a la prueba de paternidad a los varones implicados en el tema, para que su responsabilidad sobre el futuro fuera compartida plenamente.

Y esas medidas protegen la vida, mientras que la futura modificación de la Ley del aborto lo que hace es rebajar el listón de raciocinio de quienes debieran ser asesoradas sobre el ser que gestan en su interior, antes de dar un pasaporte al sumidero al ser más débil.

jueves 19 de marzo de 2009

¿Y yo?. Una campaña genial

La campaña para la Jornada de la Vida lanzada por la Conferencia Episcopal ya está en la calle. El lince en peligro de extinción y el ser humano desechado con leyes abortivas. Y como era de esperar algunos se presta a sacar tajada del asunto desviando a la opinión pública de problemas más acuciantes. A poco que sigamos el juego político del partido socialista, vemos con claridad que no perdonan ni una. El tema fundamental del laicismo y el ogro clerical lanzando anatemas, les viene de maravilla para desprestigiar a la Iglesia y seguir considerándose paladines de la progresía.

Pero la Conferencia Episcopal les ha devuelto la pelota. Abrir un debate sobre el aborto y más aún, sobre si es necesario proteger al embrión cuyo derecho a venir al mundo está siendo cuestionado por las Leyes por aborto o los experimentos de laboratorio, ha sido un golpe genial. Podrán darle las vueltas que quieren pero desmonta la progresía ecológica que renuncia a defender la vida del feto. Aquí no se cuestiona encerrar o no encerrar a las mujeres, criminalizando el aborto. No, es que el aborto es un crimen, la ley sólo lo ha despenalizado en unos supuestos que han resultado ser un verdadero coladero.

Defender el derecho al aborto, es de por sí el mayor genocidio que puede cometer un gobierno. Las cifras son escandalosas y los derechos humanos, cuyo principal fundamento es el derecho a la vida, parecen estar eclipsados por un gran negocio montado a la sombra del aborto. Ahora se quiere dar la vuelta al lema de la Conferencia Episcopal y acusarla de querer criminalizar a la mujer. ¿Díganme por donde llegan a esa conclusión?.

Ni una cosa ni otra. Ni la inocencia simple de Frei Betto, dando argumentos para justificar el aborto. Ni la hipócrita mirada de quien justifica la protección legal de las especies y olvida a los seres humanos más débiles y vulnerables. La puerta está abierta para seguir debatiendo desde la serenidad. En principio los temas de bioética son muy difíciles de explicar a los ciudadanos de a pie. En la calle la batalla se reduce al derecho a hacer lo que quiera con mi cuerpo, que proviene del feminismo egoísta y radical y va parejo con la fobia anticlerical que considera una intromisión cuestionar una ley parlamentaria. Como si no hubieran habido leyes democráticas con fondo totalitario y fascista.

Ninguna de ambas cosas está bien planteada. En principio el embrión anida en un vientre que hoy en día ya puede ser de alquiler. Las consideraciones sobre la licitud moral de estos hechos entran en conflicto con los avances de la ciencia que no le pone puertas a nada ni a nadie. Pero es que además la Iglesia ha sido hábil, muestra la incoherencia de nuestra sociedad. No está exigiendo cambiar unas leyes aprobadas en el Parlamento, sino reflejar una sociedad anestesiada y llena de soberbia, manipuladora de la vida, con fines en principio humanitarios; y que sin embargo derivan en monstruosidades que todos tenemos en la mente.

¿No estamos en democracia?. Es propio de una sociedad sana el debate y el consenso dando argumentos. Algunos no se enteran, pero los expertos ya han levantado su voz. Hay un manifiesto firmado por relevantes profesores de diferentes campos y en especial el de la biología y la ciencia. Todos coinciden en afirmar que hay vida desde el principio. En la actualidad con los avances de hoy en día ya no cabe ningún tipo de duda, por qué no vamos a pedir una legislación que apoye a la mujer embaraza y preserve el derecho a nacer del feto. Más aún, ¿no ha llegado el momento de proteger al embrión?. Sabemos que los científicos manipulan la vida con plena libertad. Sus fines son humanitarios, pero legitiman destruir otros embriones. ¿Quién protege al embrión?. Porque pudiera ser que el niño medicamento se pregunte que está vivo por ser útil a su hermano, en caso contrario habría sido eliminado, como así sucedió con el resto de embriones desechados.

Así que el debate está más abierto que nunca. Y no lo ha puesto en la mesa la Conferencia Episcopal, sino el partido socialista que intenta modificar una Ley desde la irresponsabilidad; o vender al público lo listos que son en el Ministerio de Bernat Soria. Sin pensar en las consecuencias futuras, ni consultar los pros y los contras. Eso se llama buscar el aplauso fácil y ramplón, el voto fácil de quienes viven con la conciencia adormecida. Ahora además, instrumentalizan la campaña “¿Y yo?”, para echar pestes contra la Iglesia. Pero se van a quedar solos. Porque el movimiento Pro vida está hoy en día mucho más activo que hace veinte años

lunes 16 de marzo de 2009

¡Peligro!: Protege mi vida

Menudo barullo ha producido la declaración de Rino Fisichella, Presidente de la Pontificia Academia por la Vida. Ya me gustaría tener acceso directo a sus palabras, para dejar de sospechar una manipulación en la noticia. De entrada su opinión es mucho más respetable que la mía, sencillamente yo no tengo que defender públicamente la doctrina que emana de la Pontificia Academia por la Vida. Me sumo a las dudas y perplejidades de cualquier cristiana de a pie. Busco, indago y pregunto a quienes más saben. Pero ya con la mosca detrás de la oreja, tras ver y comprobar lo que es una guerra mediática.

En eso estamos. La ONU y sus organismos afines luchan por asimilar como derecho el aborto y otras lindezas que chocan frontalmente con el respeto a la vida y la dignidad de la familia humana. Es una lucha sin cuartel donde las feministas radicales hincan el diente a cualquier tema como el de la niña de nueve años violada y embarazada por su padrastro. Junto a ellas se esconden intereses económicos de sobra conocidos. ¿Quieren que hablemos del negocio de las multinacionales de la muerte?.

Rino Fisichella está a favor de no excomulgar. Y tiene razón, demasiadas veces otros utilizaron los anatemas para confundir al personal. A la postre sus excomuniones sólo provocaron dolor y poco más. Basta con remarcar lo que es la doctrina de la Iglesia, defender el derecho a la vida desde su origen hasta su ocaso. Que hay cuestiones morales tan fuertes que son objeto de la bioética, todos lo sabemos. Las palabras apropiadas son las de siempre: “Misericordia quiero y no sacrificios”. Por eso hay que estar contra el derecho al aborto. Una puede entender la “despenalización”, ahí mismo en esa palabra entrecomillada se encuentra el meollo del asunto. La muerte de otro ser es un delito. Punto pelota. Que haya supuestos difíciles, nadie lo duda. Que sólo Dios juzga, también.

Mientras tanto, lo que no podrán negar los anticlericales de turno es que la Iglesia tiene el derecho y el deber de orientar a los fieles. La conciencia es una cosa privada, pero la moral es pública. Por eso los comités de bioética entran en liza y lo hacen con extraordinario furor. Miembros destacadísimos de la ciencia están contra la nueva Ley del aborto, que facilitaría a una niña de dieciséis años tomar una decisión tan trágica y de consecuencias lamentables. La noticia la pueden leer en los medios de hoy.

No vamos a entrar a debatir el por qué esa niña no puede votar ni sacarse el carné de conducir, mientras podrá abortar sin consentimiento de sus padres, paradójicamente tutores legales de la misma ante la ley. El caso es que la Conferencia Episcopal con motivo de la Jornada por la Vida que se celebrará el próximo 25 de marzo, pone en actualidad un lema interesante: “Protege mi vida”. Y junto a un niño se encuentra un lince en peligro de extinción. No deja de ser un guiño coherente con esa pasión por defender la vida animal y el menosprecio con el que se trata al ser más débil de la sociedad.

El bebé con taras puede ser eliminado. Es una solución de selección de especie que ningún cristiano puede defender. Pero paradójicamente los gobiernos promueven iniciativas para proteger a los disminuidos psíquicos, mientras abren la puerta para su extinción. La naturaleza que sigue su curso con mayor sabiduría que la de los hombres, siempre seguirá sorprendiéndonos con casos extremos. Pero el nacimiento a la carta ya está en vigor para los más dotados económicamente.

Por otra parte se pretende una educación sexual que hasta la fecha no ha disminuido los embarazos en menores. Más bien ha servido como promoción del hedonismo “responsable o irresponsable” pongan ustedes aquello más gusten. Lo que está claro es que no se puede debatir sobre casos extremos. Esos corresponden a las personas implicadas con las cuáles hay que tener al menos la consideración que su difícil situación merece, sin convertirlo en producto estrella de ningún programa de cotilleo. O portada de los medios.

Aunque pensando con más rigor, tal vez sea saludable que estos temas produzcan un debate serio en la sociedad. Son tan importantes y trascendentales que las generaciones futuras nos juzgarán por aquellas decisiones que hoy tomamos a la ligera

viernes 13 de marzo de 2009

El Papa se muestra contrariado



No es mi intención cuestionar la autoridad de Benedicto XVI, para mí la tiene de sobra ganada. Pero no está tan claro que tenga buenos asesores, al menos los patinazos que ha dado hasta la fecha son buena muestra de ello. Ahora explica en una carta lo que debió explicarse en su momento. Nada más aprobarse el Motu Proprio entendimos que se tendía una mano a los lefebvrianos. Era un paso hacia la reconciliación que hacía más fácil la vuelta a la Iglesia de Roma de quienes se habían separado por cuestiones litúrgicas que no viene al caso comentar.
Lo cierto es que se siguieron dando pasos de acercamiento, conversaciones, al parecer incluso los mismos obispos rebeldes pidieron misericordia. Pues el Papa, misericordioso como padre les tendió la mano revocando su excomunión. ¿Y cómo respondieron los obispos rebeldes, regresaron a los brazos amorosos del padre como el hijo pródigo?. No, sencillamente aprovecharon la marea mediática para labrar su tierra. “Queremos que Roma se mueva hacia nosotros. No aceptamos el Vaticano II”. Eso los más bravos. Otros más astutos “nadan y guardan la ropa”. “Seguiremos las conversaciones y el diálogo con la Santa Sede. Hay mucho de que hablar”. Sí, seguro.

Me sorprende la ingenuidad del Santo Padre. Ha caído en manos de nostálgicos. Y se pusieron todos a cantarle las bondades de su gesto, sin sospechar que las piezas seguían en el tablero. No es cuestión de un obispo díscolo que hace declaraciones inoportunas. ¡Qué va!. Es evidente la intención del Santo Padre y le han mordido la mano. Que esté dolido con la aparente falta de comprensión de algunos obispos y no se muestre bravo con otros, pone en evidencia sus pasos pastorales. La unidad de la Iglesia es un bien precioso, pero ha sido él mismo quien ha puesto en juego su autoridad.

Ahora ya no se guarda sigilo porque las noticias corren todo el mundo en cuestión de segundos. Eso lo reconoce en su carta. Internet les ha desbordado. Pues a ver si aprenden. De momento quienes cantaron glorias y aleluya con la revocación de la excomunión a los lefebvrianos tendrán al menos la dignidad de reconocer que éstos han jugado muy sucio y sin importarles como dejaban al Vaticano. En realidad, han buscado más la notoriedad que otra cosa, hablando pestes de lo que fue el Concilio.

En definitiva el Papa ha tenido que explicarse para ver si paraba la movida. La pelota está en el tejado de quienes desobedecieron a Roma y por ahora no se conoce ningún trasvase de fieles de la fraternidad hacia los brazos de la Iglesia católica, que justifique todo lo que hemos vivido. Más bien sigue existiendo un grupúsculo que se autodenomina católico y juega al mus con la Santa Sede. ¡Bonito panorama!.

Por lo demás una carta magistral, muy elaborada. La cuestión es que los asesores que tiene Benedicto no hilan lo fino que debieran hilar. Por otra parte quienes obedecen a Roma pero abominan del Concilio tienen ahora claro que esto no es una vuelta de tuerca. La fe no se mide por las estadísticas. Hacer balance del número de cristianos por los registros de bautismo es vivir el sueño de la Bella durmiente. Contar el número de seminaristas y deducir del incremento o la ausencia si va errado de juicio su obispo es una insensatez.

Lo que debemos hacer es fomentar la participación en la vida social de los católicos. Salir a la luz como lámparas encendidas. Testimoniar que nuestro modo de vida tiene unos valores y principios que son irrenunciables.

viernes 6 de marzo de 2009

Verdades de "perogrullo"

Mientras las economías de los países occidentales se desmoronan con agujeros negros de insospechadas succiones, por donde pierden fuelle las arcas del Estado, el inmigrante, el más pobre entre los pobres, va tener que elegir otro destino. En nuestro país la futura Ley de extranjería avisa del peligro inminente. La mano de obra barata vuelve a ser nacional y sobran los de fuera. A eso se le llama proteccionismo. Pero nadie dijo que fuera justo ni bueno. A los católicos nos queda siempre la sensación de vivir contracorriente. No podemos dar la espalda al más necesitado.

Porque lo cierto es que todo se tambalea. Si no hay cobertura legal, ayudar a un inmigrante puede convertirse en delito. De nuevo la ley queda al margen de la justicia. Se ve de manera clara y diáfana como se penaliza aquello que molesta y cuando molesta. Mientras se exonerá de culpas a quienes nos han llevado al callejón sin salida. Es la ley del más fuerte, del poderoso. Y no sucede de manera exclusiva con el inmigrante.

Lo cierto es que el problema reside en un cruce de intereses donde la persona deja de ser objeto de derecho para pasar a ser una cifra estadística. Es el resultado de buscar siempre la mayor rentabilidad por encima de unos valores inmutables. Llega un conflicto, te cambian las leyes y la solidaridad se convierte en un delito. La persona íntegra se enfrenta a dilemas morales que el Estado no resuelve.

Son verdades de Perogrullo que se ocultan para dejar paso a una falsa imagen socialista que olvida a los más pobres, al tiempo que gestiona una Ley de plazos para convertir en derecho el aborto, ahorrándose medidas de carácter pro-vida que deberían formar parte de un gobierno progresista, que ve venir el invierno demográfico y el necesario relevo generacional. Pero lo cierto es que las multinacionales de la muerte influyen de manera decisiva en todos los países. La objeción de conciencia se hace cada día más necesaria para no colaborar con injusticias patentes. Y de nuevo serán los cristianos quienes levanten la voz para proteger al más vulnerable.

Mientras los médicos y sanitarios reciben una educación en defensa de la vida, algunos de ellos se convierten en matarifes que se dedican al negocio de la muerte. Y la sociedad queda anestesiada por esa falsa legalidad que los poderes establecen, que ya no habla de despenalizar un delito, sino que incluso promueve el aborto con leyes que deciden donde se establece la frontera que separa el bien del mal. Si es legal se supone que está bien. Así se duermen las conciencias.

Por fortuna existe gente de bien en todas partes. Gente dispuesta arrimar el hombro y facilitar ayudas a la mujer joven y embarazada que custodia una vida en su seno. Gente que seguirá acogiendo al inmigrante aunque no tenga papeles y reciba una multa por respuesta. Es la sociedad del humanismo cristiano que se revela contra el relativismo del momento. En la medida que sepa reaccionar será la voz profética del siglo XXI, como lo fue en el pasado siglo frente a los totalitarismos de diferente cuño. El Estado está para gestionar el bien común, pero también comete errores porque son las personas quienes forman parte del entramado social que lo conforma.

En este momento de crisis global, las respuestas deben ser también globales. La única defensa ante la inmigración es dejar de esquilmar la riqueza de sus países y ayudarles a salir del agujero de la miseria. Fomentar el desarrollo de sus economías, devolver aquello que les pertenece. En cuanto a las políticas de la muerte, hace falta un partido que defienda el derecho a la vida y las medidas de asistencia a la mujer embarazada. Y hacen falta ciudadanos que reprueben la manipulación de embriones y el aborto. La voz de la Iglesia no es la voz de una secta, lo ha demostrado en miles de situaciones. Siempre es la voz que se adelanta a su tiempo, con medidas sociales que luego asumen los Estados. Hoy ser progresista es defender al ser más débil y al más vulnerable de la sociedad.