
Dejen que piense que no hay nada casual. Me resulta insólito que un sacerdote salga a la calle siendo conocido por miles de televidentes, para refugiarse, no en una isla perdida, sino en la populosa playa de marras. Si al escándalo le añadimos ahora su travestismo de fe, nos queda un sabor amargo en la boca. Todo parece más milimetrado de lo que a simple vista podría deducirse. Esa oscura segunda intención, no es propia de un hombre culto y maduro, sino de un rebelde “sin causa”, que me parece totalmente infame.
Este sacerdote no tiene bastante con romper sus votos sino que además elige abandonar la fe a la cual consagró su vida. Ha sido deshonesto consigo mismo y con la mujer. Un buen sacerdote hubiera puesto pies por medio. Pero ya sabemos lo que dice el refrán. No sé si habrá una billetera oculta que pague la traición a precio de cuestionar el celibato en la Iglesia católica. Francamente, da lo mismo. Según tengo entendido nos separa algo más que eso de los anglicanos.
Total que las crisis religiosas no se viven en la soledad de un monasterio, sino bajo los flashes de los paparazzis, ya ven ustedes a donde nos lleva esta especie de exhibicionismo que marca el imperio mediático. Su caso es una pieza codiciada para la carnaza que se presenta en los programas rosas de televisión. En el fondo a mí el padre Cutié no me produce pena, creo que está mercadeando con su porvenir. Ha ido a enamorarse de una divorciada. De manera que no podía secularizarse para unirse en otro sacramento. Todo un culebrón para cualquier serial tipo Pájaro Espino.
Sería bueno que los principios no se rompieran con tan alegre inconsciencia. Pero eso es pedir mucho en estos tiempos donde ninguna promesa dura para toda la vida. Es duro fracasar en un proyecto y tener que coger otra nueva ruta, pero si se tiene fe en el Señor podemos estar seguros que Él nunca nos fallará. En cambio, este Cutié renuncia a aquello que prometió defender hasta con su vida. No sé si después de eso se puede uno mirar al espejo sin vergüenza.
Hay quien dice que ha sido un valiente y que mejor eso que vivir amancebado. ¡Por supuesto!. ¿Pero cambiar de Iglesia?. ¿El primer mandamiento no dice amarás a Dios sobre todas las cosas?. Pues al parecer de ese tema se ha olvidado. Y ahora que estamos a un paso de Pentecostés, rebuscando he encontrado algunas líneas que nos pueden hacer meditar:
La gracia es, ante todo y principalmente, el don del Espíritu que nos justifica y nos santifica. Pero la gracia comprende también los dones que el Espíritu Santo nos concede para asociarnos a su obra, para hacernos capaces de colaborar en la salvación de los otros y en el crecimiento del Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia. (Catecismo 2003)
La gracia, siendo de orden sobrenatural, escapa a nuestra experiencia y sólo puede ser conocida por la fe. Por tanto, no podemos fundarnos en nuestros sentimientos o nuestras obras para deducir de ellos que estamos justificados y salvados. Sin embargo, según las palabras del señor: “Por sus frutos los conoceréis”(Mt. 7, 20), la consideración de los beneficios de Dios en nuestra vida y en la vida de los santos nos ofrece una garantía de que la gracia está actuando en nosotros y nos incita una fe cada vez mayor y a una actitud de pobreza llena de confianza. (Catecismo 2005)
Es bueno que roguemos por los sacerdotes y los consagrados en general, porque nuestras oraciones deben ayudarles a ser coherentes con sus promesas. Esperemos que el padre Cutié medite que es lo que ha puesto en cada lado de la balanza. Que el Señor le acompañe.














