Al arzobispo de Granada le pasa algo raro. Le llueven los pleitos y denuncias por doquier. Es un claro caso de gafe eclesial, no me inmiscuyo en su gestión, pero me preocupa esa imagen adusta y bronca con la que aparece en todas las fotografías. Me da que padece úlcera de estómago o lleva camino de padecerla. El caso es que su último rifirrafe viene a cuento del aborto. Las féminas han abierto una página en faceboock para empapelarlo en un juzgado como incitador a la violencia de género.Han tenido que salvar su imagen los portales más afines al purpurado en una especie de contra campaña para aclarar equívocos. Y hoy mismo el obispo se disculpa por no haber sido muy hábil en el discurso que levantó las iras femeninas. El tema viene de largo, se trata como siempre de denunciar que el aborto es un crimen nefando, pero para articular que la mujer es la máxima víctima de este desaguisado, el mitrado insinuó que el derecho al aborto fomentaba la violación. O eso es lo que intuyeron la féminas. Nada más lejos de lo que en realidad quería explicar el obispo, para quien la falta de respeto hacia el acto unitivo del hombre y la mujer, dejaba a ésta última en franca desventaja. En realidad al obispo lo debieran perseguir los varones que apuntan y disparan a discreción, dejando a las víctimas indefensas. Y si no lean exactamente qué es lo que dijo el obispo:
“ Pero matar a un niño indefenso, ¡y que lo haga su propia madre! Eso le da a los varones la licencia absoluta, sin límites, de abusar del cuerpo de la mujer, porque la tragedia se la traga ella, y se la traga como si fuera un derecho: el derecho a vivir toda la vida apesadumbrada por un crimen que siempre deja huellas en la conciencia y para el que ni los médicos ni los psiquiatras ni todas las técnicas conocen el remedio.”
Aunque intente deshacer el entuerto, el san Benito le cae a pelo: va a ser el obispo instigador de la violencia de género. Y lo va a ser porque el feminismo busca las vueltas a la Iglesia que en materia tan seria viene diciendo lo mismo durante siglos. O tal vez no dijese lo mismo porque fundamentó el inicio de la vida en otro estadio al que hoy nos permite la ciencia. No lo sé, ni me importa lo más mínimo. El derecho al aborto es un contrasentido. Es como legalizar el derecho al asesinato. La vida tiene que ser protegida desde su inicio, nos va en ello nuestra propia dignidad como seres humanos.
¿Acaso no nos diferenciamos del resto de las especies?. Pues eso es lo que debiera reivindicar el mitrado, que nuestros avances sociales y técnicos permiten defender la vida y protegerla para siempre de los depredadores que se desentienden de la carne de su carne. La sociedad debe articular vías para fomentar la maternidad con garantías, sin que ninguna mujer tenga que llegar a deshacerse del ser que crece en sus entrañas.
Pero bueno, el caso es el que es, que le tienen tomada la medida a la Doctrina de la Iglesia y por ese camino resulta que va a ser la única Institución que quedará defendiendo la vida del ser más débil. Como para no sentirse orgullosos de pertenecer a ese grupo. Yo desde luego ya tengo noticias de gente no creyente que está dispuesta a apoyar las causas pro-vidas, sin matices de política barata. Esa que consiste en ir a la contra solo porque conviene a determinados intereses.
Pues nada, Monseñor Javier Martínez, la cabeza bien alta y sin arrugarse frente a las hordas feminazis
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