Estoy dispuesta Señor, quiero llevar un registro diario contigo. Que tenga unos minutos de reflexión, de oración. Ya sé que no consiste todo en mera palabrería, que hay que contemplar y escuchar, antes que hablar a borbotones. Y la verdad es que tenemos poco tiempo para contemplar, para sentarnos tranquilamente a ver pasar la vida. Me imagino en un banco del jardín observando las tórtolas, los pájaros, las vaporosas nubes, el azul límpido del cielo. Me siento ahí, un rato, a ver jugar a los niños, a reír con ellos, a respirar aire puro.Y mira, tengo que decirte que me faltan horas para ese hueco diario. Abro el ordenador y contemplo el mundo desde el universo digital, devoro las noticias, casi sin tiempo para darme cuenta de lo evidente. Que tras la curva por la que derrapó aquel automóvil, también se deslizaban dos vidas, llenas de sueños, de proyectos frustrados de golpe. Una pareja, anónima, cuatro iniciales y sus años. ¿Quién piensa en ellos? Son datos estadísticos, noticia de suceso. Pues sí, ahí está la cosa, tras un suceso hay toda una historia. Me lo enseñó mi madre, quien a su vez lo aprendió de la suya.
Así que hoy he vuelto a recorrer la prensa para orar contigo algún suceso, alguna historia. Y es que hace falta orar las noticias, dejar que reposen, sacarles su jugo, paladear su amargura o su ternura. Porque también hay historias tiernas que se pierden entre docenas de titulares. Y encima están todas esas anécdotas que pasan desapercibidas con el ir y venir del trabajo a casa. ¡Cuántas cosas se compartían en el turno de la compra!: “¿Sabes que Isabel ha tenido un niño de cuatro kilos?”. “Y Amancio está ingresado por algo del hígado”. Así toda una letanía de tienda en tienda, Aquello se podía llevar a tu presencia, ponerlo en tus manos. “Que crezca sano”.”Que salga con bien de todo”.
Eran otros tiempos, ir a la compra suponía toda la mañana. Pero eso fue en el pasado, entonces la compra diaria era un ir de un lado al otro recogiendo la vida del vecindario. Hoy como mucho dejamos caer algún comentario a la cajera del súper, pero no da tiempo para tratarnos, el siguiente espera nervioso en la cola. Sabemos su nombre, que está casada, que tiene dos niños. Poco más. Por eso necesito pararme y hacer memoria de lo que alguien me cuenta, registrar en mi chip personal cada anécdota. Porque ahí está la vida, con todos sus pliegues. ¡Qué me importa a mí Madonna! Es ella la que necesita cautivar al público para vivir de su arte. Pero bueno, da igual, me gusta su nueva canción, así que también la llevo a tu presencia. Es buena música, el mejor lenguaje para el alma, las notas que conmueven el espíritu.
Pues sí Señor, aquí estoy detrás de un teclado haciendo memoria de mi vida. No, no te voy a pedir nada, me lo has dado todo. Yo no existiría sin tu Amor, no puedo concebir mi vida sin Tu presencia, así que mira, eso sí, te lo pido, te lo ruego, no te separes de mí. Contigo al fin del mundo, sin ti ni un pie de movimiento. Y que siga lloviendo la abundancia de días que se suceden unos a otros, siempre nuevos, hasta que Tú quieras.
Bueno, también te pediría fuerza para sobrellevar lo más pesado y alegría para que no se note el peso. Y también saber hacer felices a quienes están a mi lado. Pero me persigue una noticia que no sé digerir. La homilía del arzobispo de Granada denunciando el aborto y casi justificando con él futuras violaciones. ¿Está chalado ese obispo o tienen sus palabras una cruda visión del futuro? Quita, quita, no me dejes pensar en esas cosas, mejor recordar que esta mañana he visto caer unos copos de nieve y todo el mundo ha ido llamando de un lado al otro avisando que nevaba. ¡Qué fiesta para la vista si hubiera cuajado! Vale, Señor, mañana más. Ahora me quedo con Tu Palabra de este lunes:
En aquel tiempo, Jesús vio una multitud y le dio lástima de ellos, porque andaban como ovejas sin pastor; y se puso a enseñarles con calma. Cuando se hizo tarde se acercaron sus discípulos a decirle: - «Estamos en despoblado, y ya es muy tarde. Despídelos, que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor y se compren de comer.» El les replicó: - «Dadles vosotros de comer.» Ellos le preguntaron: - «¿Vamos a ir a comprar doscientos denarios de pan para darles de comer?» Él les dijo: - «¿Cuántos panes tenéis? Id a ver.» Cuando lo averiguaron le dijeron: - «Cinco, y dos peces.» Él les mandó que hicieran recostarse a la gente sobre la hierba en grupos. Ellos se acomodaron por grupos de ciento y de cincuenta. Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que se los sirvieran. Y repartió entre todos los dos peces. Comieron todos y se saciaron, y recogieron las sobras: doce cestos de pan y de peces. Los que comieron eran cinco mil hombres.
Palabra del Señor. San Marcos 6, 34-44
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